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Enrique Morente nació en el Albaicín
granadino de 1942. Tiempos donde las sacudidas de la
post-guerra convertía a los españoles
de a pie en supervivientes del orden, expertos en la
vergüenza ajena, y enigmáticos compañeros
de la carencia. Las cuestas del Albaicín no escapaban
a estas reminiscencias, acentuándose más
o menos en función de los claro-oscuros que las
invadían.
La infancia de Enrique tiene lugar en un ambiente familiar,
meciéndose en la voz de su madre y sucumbiendo
en la de artistas locales como Juanillo el Gitano, Cobitos
o la dinastía de los Habichuela.
Sus primeras incursiones en la música tienen
lugar a muy temprana edad y con naturaleza ambivalente,
ejerce como seise en la Catedral de Granada y como avispado
observador en las reuniones familiares y de vecinos.
La creciente afición durante su época
adolescente, así como el descubrimiento personal
de una inusitada inquietud por el conocimiento, lo sumergen
en la búsqueda incondicional e insaciable de
su propio yo desde el flamenco más tradicional
y ortodoxo.
Quizás empieza a reconocerse como "Enrique
Morente" cuando tiene la oportunidad de conocer
a Aurelio Sellés (Aurelio de Cádiz), con
el que más tarde llega a congeniar desde el respeto
y la admiración, desde la solemnidad y la profundidad,
hasta establecer el milagro didáctico y conciliador
de la transmisión oral. El relevo de todos los
valores del espíritu flamenco, entre los que
hay que contar la inquietud, la improvisación
y el arte.
La enfebrecida espiral de aprendizaje y autoafirmación
le llevan a Madrid cuando contaba 14 o 15 años
de edad. En su atillo acarreaba un puñado de
nerviosas ilusiones, unos fandangos de "Frasquito
Yerbabuena" y una sola forma de mirar, atenta,
sincera y humilde. Allí contacta con un grupo
de jóvenes aficionados cuyos sentidos acababan
de despertar a la sensibilidad flamenca, universitarios
en su mayoría, que veían en Enrique Morente
cierto aire irreconciliable con la inconsciencia de
la juventud, que desde la amistad y el anonimato, ya
andaban atentos por su manera de atender, ya intuían
cierto rito flamenco en su mirada, que todo lo intentaba
absorber para después proyectarlo en sus personales
formas.
Es un periodo difícil pero intenso, donde todo
estaba prohibido pero todo era posible, donde lo fácil
era esconderse en el bienestar del silencio aprendido,
pero el bienestar para Enrique Morente estaba en la
desprestigiada bohemia... Desprovisto de la luz que
da un horizonte límpio y sereno, busca la obscuridad
de los garitos de guardia, con algún que otro
destello de neón, donde se lloran las penas y
se penan las alegrias, verdaderas escuelas del cante
desgarrado y eterno, donde las sombras sorprenden con
gritos ahogados y se rinde homenaje con el silencio
a la sabiduría o al sentimiento indistintamente.
Pepe de la Matrona estaba baqueteado en el flamenco.
Había tenido el honor de conocer a todos los
grandes y de ser alumno del mismísimo D. Antonio
Chacón. Este cantaor octogenario encontró
oídos atentos en este grupo de jóvenes
aficionados que casi diariamente acudían a la
cita con la experiencia para recibir su porción
de conocimiento.
Enrique el Granaíno, tal y como se le conocía
en los círculos que frecuentaba, había
conseguido despertar el interés de Matrona, que
gozaba de un oído finísimo como bien demostró
en tantas ocasiones y de una intuición que con
los años había aprendido a razonar. Dicho
interés no se debía tanto a la afinación
de Enrique Morente, a su registro o a su melismática
como a su actitud ante las cosas, a su respeto y a su
capacidad para aprender. Podríamos entender esta
relación entre el enciclopédico Matrona
y Morente como la proyección más relevante,
completa y fructífera de la historia del flamenco.
Noventa años de cante entregados noche a noche,
hora a hora, minuciosamente, servidos cada uno de ellos
como joyas de inestimable valor en la bandeja de la
falta de prisa.
El debut de Enrique tiene lugar en la peña flamenca
Charlot, que tantas veces fue refugio de voces desamparadas
y tantas otras aula magna de clases magistrales. A esta
actuación siguieron otras allá por el
año 1964 en la Casa de Málaga o con la
pareja de baile de José Luis Rodríguez
y Pepita Sarracena en diversas salas de fiesta, pero
debemos considerar su salto a la profesionalidad cuando
en ese mismo año es contratado por el Ballet
de Marienma, con el que actúa en el Pabellón
español de la Feria Mundial de Nueva York y en
la embajada española en Washington.
Posteriormente tiene lugar la primera aparición
del maestro en un festival flamenco. Un festival al
uso de la época, cuyo cartel nos haría
temblar si nos lo encontráramos ahora : Enrique
Morente con Juan Talega, Fernanda y Bernarda de Utrera,
Gaspar de Utrera, Tomás Torre y Antonio Mairena.
La presentación fue a cargo de Ricardo Molina
y el evento tuvo lugar en el Teatro de los Alcázares
de los Reyes Cristianos. Después de escucharlo
cantar, Antonio Mairena y Ricardo Molina lo asaltaron
en el camerino y estuvieron durante largo rato con él,
sorprendidos por no conocerlo teniendo como tenía
una forma tan personal de encarar los cantes y el extenso
conocimiento que demostraba.
Al año siguiente es contratado junto con Susana
y José para realizar su primera gira europea
por Gran Bretaña, Alemania, Holanda, Suiza y
Bélgica, y posteriormente viaja a Japón
e Italia junto a Pepita Saracena y José Luis
Rodríguez.
Es contratado en el tablao las Cuevas de Nemesio de
Madrid, pero el prestigio de Enrique entre los profesionales
flamencos crece considerablemente cuando entra a formar
parte del elenco de artistas de Zambra, toda una cátedra
flamencológica que merece la consideración
de coincidencia histórica a tener en cuenta.
Integrado en el grupo de los cantaores más prestigiosos,
Enrique cultiva el cante "p'atrás"
y "p'alante" en la mejor de las escuelas,
"la Antología". Rafael Romero "el
Gallina", Jacinto Almadén, Juan Varea, Bernardo
de los Lobitos, Perico el del Lunar, padre e hijo, Manolo
de Huelva, son algunos de los artistas que convivían
en aquel tablao cuyas paredes sorteaban el privilegio
de asistir noche tras noche al milagro de negar la rutina
en el litúrgico silencio del asombro y la complicidad.
Todo un lujo
También es contratado en el tablao Café
de Chinitas, mientras comienza a ser reclamado en festivales
y espectáculos donde comparte cartel con todos
los grandes artistas del momento. En 1967 obtiene el
Primer Premio del Certamen Málaga Cantaora.
Quizás por su juventud, deberíamos considerar
esta época como el embrión del Morente
que ahora conocemos, y esta afirmación no sería
gratuita si tenemos en cuenta el paralelismo de su formación
artística con el de su formación personal.
Su insaciable capacidad para aprehender, su espíritu
comprometido con el entorno y su personalidad creadora
van configurando a este joven maestro del flamenco en
un sufridor de experiencias ajenas. Hay personas que
nacen para sufrir por los demás
y en ese
sentido, Morente choca con las estructuras establecidas,
tanto las sociales como las mimetizadas formas del flamenco
y todo un plantel de reglas estereotipadas como los
pilares de la ortodoxia del flamenco.
Su primer disco no se hizo esperar. En 1967 aparece
con el titulo "Cante Flamenco", acompañado
por Felix de Utrera, con la discográfica Hispavox.
Esta grabación, como todas las de aquella época,
sin apenas repeticiones y sin ensayos previos, denotan
el gran conocimiento que Enrique poseía, tanto
por su ejecución encomiable, como por la selección
de los cantes que incluye, nada habituales en la época
y mucho menos en un joven de 25 años. En este
aspecto, las influencias de Pepe de la Matrona son palpables
y la proyección comercial de este cantaor no
es precisamente halagüeña por carecer de
presencia en el movimiento estético actual, que
lideraban Fosforito, Caracol y Mairena.
El reconocimiento a este trabajo discográfico
se materializa en una Mención Especial de la
Cátedra de Flamencología en 1968.
Una anécdota importante relacionada con este
disco y que apenas se conoce, es la reprimenda que Pepe
de la Matrona le dio a Enrique Morente cuando lo escuchó
y comprobó que había incluido la Malagueña
de la Peñaranda. Este es un cante que no se había
grabado anteriormente y que Pepe de la Matrona, cuando
lo cantaba, aclaraba que creía que era de la
Peñaranda pero no lo podía afirmar. Lo
cierto, es que este cante lo han grabado con posterioridad
bastantes artistas y ninguno ha reconocido haberlo aprendido
de Enrique Morente, que fue quien realmente lo popularizó.
En este mismo año, 1967, sale a la luz otro
disco, también con la casa Hispavox denominado
"Cantes Antiguos del Flamenco" y acompañado
por el Niño Ricardo.
Esta selección de cantes denota un profundo conocimiento,
sobre todo, por el corto periodo de tiempo con respecto
al anterior trabajo, lo que hace suponer que no se trata
de un aprendizaje forzado para la ocasión en
ninguno de los dos discos, sino de la exposición
honesta y estructurada de lo asimilado, de lo aprendido
y de lo vivido. Esa mirada absorbente e inquieta dejó
por un momento los referentes externos para indagar
en ella misma, y de esta forma presentar al artista,
al intérprete que apuesta por la matización
y el sentimiento, por la ausencia de alardes, por la
esencia del sentido crítico, por un flamenco
cabal y soberano.
"El ojo no es ojo porque lo ves, es ojo porque
te ve."
Antonio Machado.
Durante los siguientes años, tiene lugar el encuentro
entre Enrique Morente y Manolo Sanlúcar que provocará
una relación profesional que perdurará
durante mucho tiempo. Es con éste magnífico
guitarrista con quien vive la experiencia en 1970 de
ser el primer cantaor flamenco que actúa en el
Ateneo de Madrid.
De dicho encuentro, no podemos afirmar que tuviera
un gran calado en la afición de aquella época,
pero hoy, podemos asegurar sin duda que se trataba de
una asociación histórica si tenemos en
cuenta la trayectoria posterior de ambos artistas.
La exploración de nuevos escenarios para el
flamenco es una constante en la carrera del maestro
y que pone de manifiesto el espíritu innovador
y dinámico de quien huye de los prejuicios y
del inmovilismo.
Durante 1971 desarrolla en México con la guitarra
de Parrilla de Jerez y la bailaora Ana Parrilla, una
serie de actuaciones en tablaos, teatros y centros culturales,
que culmina con su participación en el I festival
Internacional Cervantino de Guanajuato y su presentación
en el Auditorio de la Universidad de las Américas
en 1972. Ese mismo año ofrece en Madrid un recital
en compañía de María Vargas y Manolo
Sanlúcar, recibiendo un homenaje. En compañía
de éste último, realiza una serie de recitales
en Nueva York (Lincoln Centre, Spanish Institute, etc).
En 1972 fue reconocido por la Cátedra de Flamencología
y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de
la Frontera con el Premio Nacional de Cante y actuó
en la sede parisina de la UNESCO.
En 1973 volvió a América para cantar
en el Lincoln Center neoyorquino.
Después, en 1978, vendría la edición
de sus discos "Despegando" y "Homenaje
a Don Antonio Chacón". Por éste último
obtiene el I Premio Nacional otorgado al mejor disco
de música folclórica que concede el Ministerio
de Cultura.
En el inicio de la década de los ochenta estaban
de moda los "mano a mano" entre artistas y
fueron varios los que realizó con Camarón.
El primero de ellos tuvo lugar en el Frontón
de Madrid, En 1981 estrena en el Centro Musical Piaff
de Granada su espectáculo "Andalucía
hoy" que posteriormente presenta en diversas ciudades
y en el teatro Olimpia de París.
En la segunda mitad de la década de los sesenta,
Morente participó en el montaje de "La Celestina"
junto al pianista Antonio Robledo y su mujer, la bailaora
suiza Susana Audeoud. Poco despues, los tres dieron
vida al ballet "Obsesión", estrenado
por el Ballet Nacional de Canadá. También
junto a Antonio Robledo, Morente creó la Fantasía
del cante Jondo para voz flamenca y orquesta",
estrenada en el Teatro Real de Madrid el 16 de mayo
de 1986, con las guitarras de Juan Habichuela y Gerardo
Núñez y la Orquesta Sinfónica de
Madrid, dirgida por Luis lzquierdo.
Por estos años se editó un disco pirata
en Holanda titulado "Morente en vivo".
Una de sus experiencias artísticas más
audaces y originales fue el estreno en Granada en 1988
del espectáculo "El loco romántico"
basado en la obra cervantina "Don Quijote de la
Mancha". Creo que esta experiencia resume de alguna
manera la trayectoria del maestro de "Graná".
En este mismo año (1988) estrenó también
su "Misa flamenca", con textos de San Juan
de la Cruz, Fray Luis de León, Lope de Vega y
Juan de la Encina; grabó "En la Casa Museo
de Federico García Lorca", con textos de
Lorca. Este es el primero de sus disco dedicados a Lorca
y fue por encargo de Juan de Loxa, director de la Casa
Museo.
En 1989 es nombrado Socio de Honor del Club de Música
y Jazz San Juan Evangelista, junto a Angel Barutell
Farinós (Jefe Relaciones Externas de El Corte
Inglés) y Gustavo Villapalos Salas (Consejero
de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid),
con motivo del XX aniversario de dicho club.
El 15 de septiembre de 1990, en el Patio de la Montería
de los Reales Alcazares de Sevilla se estrenó,
dentro de la VI Bienal de Flamenco, el "Allegro
soleá" con las guitarras de Pepe Habichuela
y Montoyita, el piano de Antonio Robledo y la Orquesta
de Cámara de Granada dirigida por Micha Rachelevsky.
Un sueño hecho realidad.
Hasta llegar aquí, son muchas las experiencias
musicales por las que había pasado. Además
de las relacionadas anteriormente, compuso la música
de la obra de Martin Recuerda "Las arrecogidas
del Beaterío de Santa María Egipciaca",
trabajó con José Luis Gómez en
"Edipo Rey" y con Miguel Narros en "Así
que pasen cinco años".
Otra referencia ineludible es la del marroquí
Chekara, ya que en su espectáculo "Macama
Jonda", de José Heredia Maya, reunió
a la Orquesta Andalusí de Tetuán con un
selecto plantel de artistas flamencos entre los que
se encontraba la madre de Lole, nacida en Orán,
Antonia la Negra y Enrique Morente. Esta obra intenta
ser un encuentro entre músicos flamencos y magrebíes
para crear una atmósfera común.
Entró en la década de los noventa buscando
puntos de encuentro diversos y tangenciales, pero siempre
con un profundo respeto y con el barniz de la naturalidad.
En 1990 fusiona su expresión musical con las
célebres Voces Búlgaras "Angelite"
en la Puerta de la Catedral de Barcelona en una producción
del Taller de Músicos de Barcelona. En 1991 ve
la luz su Misa Flamenca, y que no tiene nada que ver
con las anteriores experiencias flamencas relacionas
con la sacra ceremonia. Posteriormente y aprovechando
la que sería su última visita a España
de Sabicas, graba un disco totalmente conservador con
el toque clásico del maestro navarro para el
sello Ariola.
Con "Negra si tú supieras" grabó
para Nuevos Medios en el 93, aunque enseguida tomó
forma la idea de crear su propio sello discográfico,
Discos Probeticos (con el nombre se pretendía
jugar con la ambigüedad de los términos
probéticos y probeticos, de "probe").
En 1994 Morente es el primer cantaor de flamenco que
recibe el Premio Nacional de Música otorgado
por el Ministerio de Cultura.
En 1995 recibió la Medalla de oro de la "Cátedra
de Flamencología" de Jerez de la Frontera
y el premio "Compás del Cante" en Sevilla.
En 1996, participa en el homenaje a Manuel de Falla
en el Lincoln Center de Nueva York, junto a Tomatito,
con el que realizaba una gira por toda la geografía
española.
En su disco titulado "Omega" colaboró
el grupo de rock granadino Lagartija Nick y numerosos
artistas de flamenco como Vicente Amigo, Tomatito o
Cañizares, para adaptar poemas de Federico García
Lorca y el cantautor canadiense Leonard Cohen.
En 1998 recibió el Galardón de Honor
de los Premios de la Música e intervino en el
espectáculo "Canción con reflejo"
de Cahro Vallés en homenaje a Federico García
Lorca, junto al actor Francisco Rabal y su hija Estrella
Morente, y que se presentó en mayo en el Teatro
Principal de Valencia.
Está identificado como uno de los máximos
responsables de la renovación del cante, así
como el mejor adaptador al flamenco de poemas cultos
de poetas como Miguel Hernández, García
Lorca, los Machado, Lope de Vega, Al Mutamid, Bergamín,
San Juan de la Cruz, Guillén, Alberti, Hierro,
Luis Rius y Pedro Garfias.
Su hija, Estrella Morente, se consolida como una de
las mejores cantaoras que ha surgido en los últimos
años.
En Mallorca, el día 20 de julio de 2002, la
Fundación Costa Nord es escenario del estreno
absoluto de la primera producción promovida por
dicho Centro Cultural : el ESPECTÁCULO AFRICA,
CUBA, CAÍ. Enrique Morente lideró este
proyecto de mestizaje a tres bandas, África,
Cuba, Caí, que toma como punto de partida la
idea de que el ritmo y la expresión del continente
negro tienen un claro reflejo en la tradición
musical de América Latina, que a su vez mantiene
fuertes conexiones con la música flamenca. Con
el cantaor granadino haciendo las veces de director
de orquesta, músicos españoles, senegaleses
y cubanos buscaron la intersección de sus expresiones.
Del vértice español están, junto
a Enrique Morente, el guitarrista almeriense Niño
Josele, el percusionista madrileño Piraña.
Del vértice africano está el grupo senegalés
Djanbutu Thiossane, seguidor de la tradición
de los juglares africanos llamados griots y compuesto
por los hermanos percusionistas Ass, Mass y Pap, más
Kao, que toca la kora, y Alboury Dabo, que danza. Del
vértice cubano vienen Reynaldo Creagh, la voz
de la Vieja Trova Santiaguera, y el pianista Pepesito
Reyes como estrellas invitadas a una banda que forman
el pianista Caramelo, Luis Varona y Juan Munguia a los
metales.
En el 2003 aparece su disco "El pequeño
reloj", con el que rompe el concepto que tradicionalmente
se tiene de un disco flamenco, presentando una obra
discográfica como una obra de arte, desarrollando
el concepto del tiempo desde ópticas distintas
como si de un libro de poemas se tratase, estructurando
el orden de las letras y de las músicas. En su
coqueteo con el tiempo, conjuga lo tradicional, lo añejo,
con la tecnología. Mientras deja constancia de
una época fundamental del flamenco, con cantes
clásicos sobre toques clásicos (a la cual
perteneció y ahora engrandece con su aportación
constante), experimenta con nuevas y sorprendentes armonías
que aún no han llegado al flamenco moderno.
En el año 2005 se le otorga la Medalla de Andalucía
en reconocimiento a una encomiable carrera dedicada
al Flamenco y a su apertura con respecto a otras músicas,
así como a su divulgación por todo el
mundo.
En febrero del año 2006, el trabajo "Morente
sueña la Alhambra" en su doble formato (disco
y DVD) es reconocido por la Crítica Nacional
con las siguientes distinciones :
- Mejor DVD
- Mejor guitarra de acompañamiento revelación
en disco a Alfredo Lagos.
- Mejor disco de Cante.
Este mismo disco es reconocido en este mismo año
como mejor disco de Flamenco en los Premios Nacionales
de la Música.
Y sigue recibiendo reconocimientos a su trabajo cuando
en junio de 2006 es condecorado con la Medalla de Oro
al Mérito en las Bellas Artes.
El Enrique de ahora es el Enrique de siempre. Aquel
que hace 30 años andaba en la búsqueda
de nuevos giros melódicos y nuevos cantes. Aquel
al que iba a visitar el desaparecido Camarón
acompañado de un joven Tomatito en Madrid : "Tomate,
vamos a acercarnos a la casa de Enrique, a ver en qué
anda ahora
".
El Enrique de ahora es el Enrique de siempre, que nunca
ha permanecido dos cantes en el mismo sitio, el Enrique
de los mil matices, el que se adapta a todo y a todos,
el que va por delante porque los demás le siguen,
el que sigue aprendiendo incluso de él mismo,
el afable, el noctámbulo, el mismo Enrique inquieto
de vertiginoso pensamiento, el mismo al que pidieron
letras comprometidas para un pueblo de izquierda preferencia
e hizo a Manolo Sanlúcar esconderse detrás
de la guitarra porque no sabía que hubiera tantos
santos y tantas vírgenes, el mismo que ha mirado
siempre a los ojos de quien estaba delante.
Pero lo especial de Enrique Morente no es su afán
creativo. Este afán lo ha heredado de los artistas
que le precedieron. Todos andaban buscando ese detalle,
esa chispa, esa música, esa letra, esa frase
o ese espectáculo con el que deleitar al público
y triunfar. Enrique es especial porque en esa búsqueda
constante, ha encontrado muchas veces lo que el público
esperaba con gusto, o lo ha descubierto al público
que sin esperarlo , lo recepciona con agrado. Eso es
lo que hace de Enrique Morente un gran artista.
El Enrique de ahora es el Enrique que todos admiramos
por lo que hace y por cómo es
Es el Enrique
que sufre por cada nuevo proyecto que aborda, el que
de vez en cuando nos regala el gesto que nos hace recordar
a ese Quijote malhumorado y aventurero, sin apego a
lo material, y para el que todos quisieramos convertirnos
en Sancho.
El Enrique de ahora es nuestro Enrique, el de siempre
el Enrique flamenco.
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