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"Tener un teatro en
mi barrio, era una constancia mía".
Por ANTONIO ORTEGA
Actualizado: 20/11/2007
Tras muchos
años recorriendo el mundo con la compañía
La Cuadra, y disfrutando del éxito de sus
innovadores montajes escénicos, el dramaturgo
Salvador Távora, afinca por fin en Sevilla
uno de sus más ansiados sueños:
poner en marcha un teatro ruedo con programación
permanente en el que el espectador pueda disfrutar
de sus obras más significativas. El lugar
escogido no podía ser otro que el Cerro
del Águila, el barrio que le vio crecer
y por el que siente una devoción manifiesta.
Así, este peculiarísimo creador,
amante del flamenco y de las costumbres populares,
hijo cultural de aquel legendario fandanguero
al que llamaban El Bizco Amate, retorna a una
de las naves de Hytasa, la fábrica que
le acogió en sus primeros años como
trabajador del textil. Ahora, la obra Carmen,
Ópera de cornetas y tambores, tiene residencia
fija y Sevilla un nuevo teatro, y Flamenco para
Traviste, la última producción de
la compañía, también.
Pregunta.
Usted ha creado una estética teatral con
elementos escénicos que nadie había
utilizado con anterioridad, donde el flamenco
formaba parte del mensaje. Dicen que la perseverancia
es una de sus virtudes y que cuando tiene claro
algo no desiste de ello. Ahora lo que en principio
fue un proyecto, se ha convertido en una realidad.
¿Cómo se le ocurrió esta
idea?
Respuesta. Ésta es una idea muy
particular, pero la iniciativa de tener un teatro
en mi barrio siempre fue una constancia mía.
También fue porque comprobé en las
grandes ciudades en las que hemos estado con La
Cuadra, que al preguntar dónde se podía
ver innovaciones teatrales, siempre nos dirigían
a la periferia. En París, por ejemplo,
el sitio en el que más actividad teatral
había era en unas naves reconvertidas que,
con anterioridad, habían pertenecido a
una fábrica de explosivos. Aquello era
como apartarte del costumbrismo de las grandes
ciudades con sus teatros, y de ese concepto de
pequeño burgués del arte; era como
alejarte del centro para encontrarte con un lugar
único de excepcionales condiciones para
la comunicación real. Yo quería
buscar algo parecido que no necesitara de una
luz excesiva, ni de grandes decorados, cosas que
suelo utilizar en las plazas de toros y en los
grandes teatros pero que, sin embargo, aquí
no son necesarias para captar de una forma muy
particular la comunicación, sólo
hacía falta reunir unas dimensiones exactas,
como las que tiene esta nave.
P. ¿Y
qué se encuentra el espectador cuando viene
aquí?
R. Pues con algo que no esperaban, porque
hay dos cosas que se producen en este sitio que
no se ven en los grandes espacios. Decía
Ramón del Valle-Inclan que cuando el teatro
tuviera el temblor de las corridas de toros, sería
teatro y sería español; y Lorca
decía que el arte en el teatro tenía
que oler a caballo y sombra, aquí se dan
esas dos características. Lo que ocurre
es que estos espacios no pueden ser concebidos
por los empresarios, porque ellos crean para conseguir
dinero, y yo para hacer teatro. Este proyecto,
es un proyecto del espíritu, no de la economía.
P. Ya.
Sin embargo no me negará que la hipoteca
y los demás costes que acarrea la vida
cotidiana no se soportan con la espiritualidad,
y que el materialismo ya forma parte de una dinámica
social que da poco lugar a vivir dignamente de
la bohemia. Vamos, que eso de "por amor al
arte" suena muy bien, pero la realidad es
otra, ¿no?
R. Sí, y tiene mucha razón
en lo que dice, pero también es verdad
que los artistas tenemos un concepto de la vida
muy diferente, seguramente será por eso
por lo que nos dedicamos al arte y no a otra cosa.
Las personas que creamos La Cuadra lo hicimos
desde la nada, con la ilusión y la vocación
artística como únicos patrimonios
y como único capital, y fuimos siempre
consecuentes con el concepto de felicidad que
teníamos. Ello conlleva otros sinsabores
que fuimos asumiendo gracias a los logros artísticos
que íbamos consiguiendo. A todo el mundo
le gusta vivir sin agobios económicos,
tener una buena casa, un buen coche, y un nivel
de vida holgado, a mí también, pero
esos elementos materiales no me dan la vida si
no viene acompañado del ejercicio de mi
vocación. Y en muchos casos le aseguro
que no es posible conseguir equilibrar la balanza.
P. Y
la vocación les hace asumir riesgos como
este, porque de nuevo se enrolan ustedes en una
iniciativa vertiginosa.
R. Sí. Poner en marcha este proyecto
ha tenido un coste que ha superado el millón
de euros. De esa cantidad la cuarta parte la ha
puesto la administración. De hecho, hemos
tenido que hipotecar otra nave que teníamos
en el polígono Navisa. Pero no nos importa,
porque hemos creado lo que soñábamos.
P. ¿La
Compañía es la misma que ha girado
por todo el mundo? ¿Son los mismos artistas?
R. Tanto es así que diez días
antes de estrenar aquí llegaron de Asterdams.
El personal es el mismo que ha triunfado en todo
el mundo.
P. Y
a un precio asequible
R. A quince euros los días normales
y a doce los días especiales, luego a los
grupos se les hace un descuento y les cuesta sólo
diez euros. El teatro tiene un total de 250 localidades,
y las funciones comienzan a las 21.00 hs. de miércoles
a sábado.
P.
¿Le hacía falta a Sevilla algo así?
R. Yo creo que sí. Porque ofrecemos
una alternativa permanente en la agenda cultural
de la ciudad. Y esto es un espectáculo
en todo su esplendor, donde hay caballos, cante,
baile y toque flamenco, cornetas y tambores y
una puesta en escena digna de ver. Son aspectos
muy tradicionales, pero eso sí, asumidos
desde una postura estética y social contra
la manipulación folclórica de la
cultura andaluza. Le aseguro que lo que aquí
hacemos no tiene nada que envidiarle a un teatro
de la categoría del Maestranza. Lo que
nosotros hacemos no lo hace ningún teatro
de Sevilla, y lo digo así de tajante.
P. Qué
tiene la Carmen de flamenca. Hay quienes piensan
que es un espectáculo folclórico.
R. Pues una cosa no está reñida
con la otra: una de los padres del flamenco fue
el folclor. Pero insisto que nosotros nos negamos
a hacer una manipulación folclórica
de la cultura andaluza. También es cierto
que hemos adulterado ese término. Carmen
tiene de flamenco toda la sevillanía, unos
cantes que son del primer cuarto del siglo XIX,
donde prácticamente ella vive, muere y
se forja su leyenda. Y después casi todas
las tonás de Triana y casi todo lo que
podríamos llamar el mundo sevillano del
flamenco. Pero no es un espectáculo flamenco,
es una obra en la que hay flamenco, pero muchas
otras cosas atractivas para cualquier público.
P. En
Flamenco para Traviata, su última propuesta,
ocurre lo mismo. Usted vuelve a apostar por mezcolanza
del flamenco y de la música clásica,
en este caso con las partituras de Guiseppe Verdi.
R. Exacto. Trasladamos el ambiente parisino
de la obra de Verdi a la Sevilla más castiza.
En esta obra el flamenco sigue ocupando un lugar
importante. Cogemos el fandango como palo protagonista
del argumento. Este cante tiene la virtud de ser
muy sentencioso y eso lo dota de capacidad transmitir
el mensaje con facilidad. Es también, una
manera de devolverlo al lugar que merece. Y para
ello hemos seleccionado los estilos que crearon
aquellos cantaores que rozaron la tragedia en
sus vidas: El Bizco Amate, El Pichichi, El Rubio,
El Carbinerillo, Toronjo, El Pinto, Antonio El
de la Calzá y Caracol
Y con todos
ellos escenificamos la interrelación que
siempre existió entre el mundo de la prostitución
y el flamenco en una historia pasional, repleta
de hermosas secuencias.
P. Imagino
que será muy complicado mantener dos obras
en cartel dentro de una programación permanente.
Lo digo porque Sevilla no es Madrid.
R. No es Madrid, pero estamos muy equivocados
con eso. Sevilla es una ciudad cultural, amante
del flamenco y de otras estéticas artísticas,
es heterogénea. Posee ese hálito
romántico que le infiere el resultado de
conjugar sus sentimientos y gustos más
dispares. De momento, por nuestro teatro ya han
pasado más de 3.000 espectadores, una cifra
interesante si consideramos el número de
habitantes que tiene Sevilla. Nosotros estamos
muy contentos con la respuesta que está
teniendo nuestra programación. Los que
vienen a ver cualquiera de las obras que tenemos
en cartel, corren la voz sorprendidos por lo que
aquí ven, por la intimidad compartida,
por la cercanía entre los artistas y el
público, por la puesta en escena, por el
sonido y la iluminación. Es algo diferente.
Ven teatro puro, un lugar donde las distancias
no existen porque lo que pretendemos es que respiren
las historias que para ellos hemos creado.
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