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Abstracción conceptual
Por CARLOS SÁNCHEZ
Fotografías: PACO SÁNCHEZ
Actualizado: 29/02/2008
Ficha artística:
El alba del último día. Andrés Marín Baile: Andrés Marín. Cante: Segundo Falcón y José Valencia. Guitarra: Salvador Gutiérrez. Piano: Pablo Suárez. Percusión: Antonio Coronel. Voz en off: Pepe Marchena.

Andrés Marín

‘El alba del último día’ trata de reflejar el último día de los cafés cantantes. Prestando especial atención a los enclaves de Chinitas, Kursal y Suizo. Y con las excelentes voces de Segundo Falcón y José Valencia, que inmortalizaron episodios de autenticidad. Como en ese intenso diálogo por malagueñas. El bailaor sevillano da mucha importancia al cante. Mientras entreteja su estética dancística entre aristas, aspavientos y multiplicidad de ángulos rectos. Movimientos secos y rotundos con manifiesto dominio del compás. De desplazamientos cortos. Ausencia de curvas. Prima la verticalidad hacia la inmortalización de efigies estatuarias. Que se intercalan y solapan con tonás, soleá y seguiriya. Pinceladas expresionistas. Fraguando la propuesta a lo largo de un aluvión de trazos. Enraizando espacios efímeros a lo largo del proscenio del Villamarta con profundidad y aplomo. Llenando el espacio con sombras que multiplican su silueta sobre el ciclorama, que también sirve de cedazo argumental a través de la videocreaciones del cámara y realizador francés Yvan Schreck, que contextualiza sucintamente la obra. Un espectáculo intimista. Personal. Donde el colorido lo ponen las voces, la guitarra y la percusión. Que contrastan con la sobriedad ensimismada del conceptualismo de Andrés Marín. Bailaor arriesgado e inquieto. De giros secos y escrutados.

Andrés Marín Segundo Falcón y José Valencia
Todo está medido. En el tiempo, en el espacio. En el pedestal seguiriyero. O en la cubeta de agua. De la que emergen sonidos cristalinos y vibrantes. Del piano de Pablo Suárez, que interpreta unos tangos bañados de dulzura. Arriate del polo que canta Segundo Falcón, y que José Valencia remata con el abandolao con esa potencia que lo caracteriza. La densidad lucha contra la sorpresa. Nada es previsible hasta el final. La incertidumbre engancha en un ejercicio de pleno embebecimiento. La intuición, la interpretación, la perspicacia o el riesgo de lo desconocido son algunos de los poemas ornamentales que el baile de Marín nos recita.
Marco Vargas & Chloé Brûle. Cuando uno quiere y el otro no

Pero antes de ver a Andrés Marín. El bailaor sevillano Marco Vargas y la bailaora francesa Chloé Brûle nos mostraron el horizonte por donde caminan las mentes inquietas que presenta el hoy del flamenco. Con pocos recursos, pero con muchos detalles. Embalsamados con la garganta de Juan José Amador. Que aporta la flamencura más tradicional de una obra cuyos cimientos se levantaron sobre un formato pensado para la calle. El éxito del planteamiento inicial los ha llevado a replantear el espectáculo y ampliarlo hacia espacios cerrados. Lugares donde la intimidad recobra mayor vida y las escenas toman mayor coherencia al estar acotados a un emplazamiento definido.

Marco Vargas

Chloé Brûle
Con elementos escenográficos reducidos a la enésima potencia. Una mesa, dos sillas y un pequeño ciclorama. Que adquiere relevancia con un diseño de luces muya apropiado al concepto. La música enlatada crepita tras el eco de Amador. Intensidad expresiva a través del flamenco que se viste en ciertos lances de contemporáneo con el baile de estos jóvenes artistas. Corren nuevos tiempos.
Capullo de Jerez
La jornada maratoniana se despide con el cante visceral de Miguel Flores ‘Capullo de Jerez’. Que tiró del repertorio tradicional. Soleá por bulerías, fandangos, martinete, tangos, bulería por soleá y bulerías con letra del Himno de Andalucía. Con serenidad sorpresiva. Pero con poco fuelle en el acompañamiento. De todas formas, da gusto ver al cantaor del barrio de la Asunción con esa seriedad y seguridad. Personalísimo. Ya lo dice la letra: Va murmurando la gente, el cante de Capullo es diferente

Capullo de Jerez
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