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Removiendo conciencias
Por CARLOS SÁNCHEZ
Actualizado: 07/03/2008
Ficha artística:
‘El final de este estado de cosas’. Compañía Israel Galván. Baile: Israel Galván. Cante: Diego Carrasco, Fernando Terremoto, Juan José Amador. Guitarra: Alfredo Lagos. Baile, palmas y compás: Bobote. Percusión: José Carrasco. Orthodox: Guitarra: Ricardo Jiménez, Bajo: Marco Serato, Batería: Borja Díaz. Violín: Eloisa Sánchez. Bandurria: José Manuel Vaquero ‘Pájaro’. Proyecto Lorca: Percusiones: Antonio Moreno, Saxos: Juan Jiménez Alba. Video-proyección: Fragmentos de NON, homenaje a Samir Kassir. Baile: Yalda Younes.
Pintor cubista. Nijinsky del Flamenco. Innovador. Muchos son los calificativos que pueden definir o no el baile de Israel Galván. Vanguardismo. Está claro que las propuestas del artista sevillano persiguen nuevos lenguajes y nuevas perspectivas. Diferentes enfoques que poco a poco el público va digiriendo en sus planteamientos estéticos. Busca el movimiento inverosímil. Deconstruye la realidad en cada ademán, en cada pose. Rechaza lo sistemático y lo simétrico. Persigue nuevas sensaciones. Sin límites. Creatividad e ingenio. Y baila flamenco. Digan lo que digan. Galván transmite emociones. No causa indiferencia. Para bien, o para mal. Pero él sigue con su camino. Pese a las indigestiones de más de uno. Ya tiene su público. Llena los teatros. Y la gente enloquece con su baile. Israel abre nuevos horizontes a la danza flamenca. Con plena libertad de movimientos. Descompone su figura al máximo tratando de expresar con todas y cada una de las partes de su cuerpo. Rebusca el remate inesperado. Ni el público ni él saben cuál es. Todo estriba del momento. Depende de ‘El final de este estado de cosas’. Última propuesta del bailaor sevillano que estrenó el año pasado en Málaga en Flamenco. Y que ha retomado para presentarlo en Jerez con cambios ostensibles en cuanto a la estructura, el tiempo y el número de integrantes que conformaron el núcleo original de esta obra. Un trabajo arriesgado. Plagado de simbolismo, metáforas y sarcasmos. Provocador y atrevido. Basado en una visión subjetiva del Apocalipsis.
Galván aparece en escena con una máscara, descalzo y con el torso descubierto. Baile sobre la arena absorbente del hambre y la cólera. Primero de sus planteamientos escénicos, que da paso a la video-proyección titulada NON. En ella aparece una de sus fieles seguidoras, la joven libanesa Yalda Younes, bailando una coreografía del artista sevillano sobre una pieza electroacústica realizada sobre los bombardeos sufridos en este país. Segunda denuncia, el caos de la guerra. Sendero hacia villancicos sin navidad. Interpretados por el genuino Diego Carrasco. Y bailados por Galván con sobrado dominio del compás. Salve Rociera. El artista sevillano porta un inmenso tambor rociero. Incorporado a su cuerpo como un elemento expresivo más, a la vez que percutido. Excentricidad del genio. Cuarto planteamiento.
El ambiente tétrico lo firma el grupo heavy Orthodox. Recreadores de sonidos estridentes y estremecedores a través de la guitarra eléctrica y del bajo tocado con el arco de un violín. Aparecen con antifaz nazareno. Cacofonías desconcertantes que pululan por la sala del teatro a través del reflejo de una inmensa bola de espejos. Galván prosigue con su ilimitado discurso. Asoma el cante por saeta de Terremoto. Bajo el aturdimiento de la eléctricas y la incorporación del Proyecto Lorca. Quinto planteamiento
Sobre una plataforma movible, el celebérrimo artista sevillano baila por seguiriyas. Sexto planteamiento. Juega con la superficie a lo largo de la coreografía. Con soplos estelares. Mientras Diego Carrasco atenúa las tensiones por soleá.
La rítmica viene con la Panda de Verdiales, que se trenzan con los músicos flamencos. Con pantalón de talle alto, Bobote embelesa con sus pataitas. Descalzo. Prefacio de la imagen más dura de la noche. Tres ataúdes en escena. Sobre los que el compás fluye. Y el ritmo decrece. La muerte se aproxima lentamente. A través de los silencios. Llega el final… de este estado de cosas.
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