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Konstantina Bousmpoura

La calle como tablao

Actualizado: 26/12/2007

Desde hace dos meses la emblemática avenida de la Constitución, aledaña a la Catedral de Sevilla, se ha convertido en el espacio por excelencia del arte flamenco callejero. Es allí donde un grupo de extranjeros estudiantes de flamenco, ya en camino de la profesionalización, puso en marcha un plan de trabajo original: montar un tablao en la calle o convertir la calle en un tablao. Y es que aquí hay una gran paradoja que la sabiduría del pueblo ha sabido muy bien reflejar, en casa del herrero cuchillo de palo: tanto hablar del flamenco como elemento identitario de la cultura andaluza, pero nada de representarlo públicamente. Los más destacados rasgos del flamenco visibles en las calles del centro histórico de Sevilla son los que conforman los carteles que anuncian tablaos y espectáculos, los escaparates de moda flamenca, las postales estereotipadas, o delantales de lunares que habitan en los expositores de las tiendas turísticas del barrio de Santa Cruz.

De ahí que Danila y Ana, las protagonistas de esta iniciativa, frente a la escasez de dinero y ante su pasión por bailar, no tuvieron que pensarlo mucho cuando decidieron montar un pequeño tablao improvisado en la calle y probar suerte con el sombrero cordobés. Tímidamente el primer día y en falta de los medios de trabajo necesarios, ganaron su primer dinero utilizando un casco para moto. Muy rápido vino la consolidación como artistas flamencas de la calle, la gente se enganchó enseguida con su espectáculo y apoyó esta iniciativa de las jóvenes bailaoras desde el principio. No eran pocas las veces que se escuchaba a la gente decir: "nos están alegrando la vida", a la vez que se quedaban perplejos cuando alguien les aclaraba que Danila no era trianera, sino italiana; y que Ana era de Taiwán, y no de Japón. Es difícil quizás creer que el sentir flamenco no es una propiedad congénita sino una técnica que se aprende y una actitud que se interpreta gracias a mucho esfuerzo, empeño y trabajo.

Basta con ver bailando a Danila y Ana para darse cuenta de que son una auténtica pareja de baile flamenco que mezcla elementos novedosos con movimientos más estilizados aprendidos en las "academias". Las dos bailaoras tienen todos los requisitos del arte flamenco para seducir al público: fuerza y balanceo de caderas, sonrisas brillantes, actitud valiente y un cuadro interesante de cantaores y músicos (Stieven, de Francia; Sergio, de Cataluña; Shuki, de Israel; Laura, Juan y Nacho, de Andalucía los tres, que les acompañan intercalando la calle con otros compromisos profesionales). De ahí que, a raíz del éxito que está teniendo esta salida laboral autogestionada, hayan decidido formar su propio cuadro flamenco bautizándolo con el nombre "Son de Afuera". El mensaje es explicito: "somos de afuera, somos extranjeros y esta es nuestra forma de hacer flamenco". Allí están para que la gente les mire, valoren su trabajo y conozcan a su grupo.

Para Danila cuyo nombre artístico es "Danila la Bambina", el flamenco es un camino a andar, un medio para llegar a la expresión más profunda de los sentimientos que vienen primariamente marcados "en mi caso por mi cultura italiana del sur y por lo tanto muy cercana a la cultura andaluza". Para Ana es una lucha con una realidad que muchas veces la supera. "¿Tanto zapateado para que?", se pregunta a menudo después de haber ensayado horas y horas, zapateando delante de un espejo con el cronómetro al lado, buscando la máxima velocidad y el buen soniquete. Momentos difíciles, contradictorios, y conflictivos que todas las chicas extranjeras hemos experimentado al entrar en el mundo del flamenco.

Este novedoso momento que vive la avenida Constitución y sus transeúntes desde hace dos meses ha generado un nuevo espacio para los amantes del flamenco y para los curiosos que desean conocerlo. Si bien las chicas al principio pensaban que su público lo formarían mayoritariamente turistas atraídos por la difusión y la repercusión mediática del flamenco, pero se sorprendieron sobremanera al comprobar que fueron primero andaluzas y andaluces quienes les apoyaron en su aventura callejera.

El grupo "Son de afuera" ya tiene su propio público aficionado, personas de edades y nacionalidades varias. No obstante, los comentarios son variopintos y no faltan quienes al acercarse y verlas bailar desconfíe al principio de su capacidad artística, un valor que asumen una vez comprobadas las cualidades que atesoran. Incluso, les cuesta mucho creer que dos chicas que no son andaluzas puedan bailar tan bien y con tanto arte. Esto a su vez incita a pensar en varias cuestiones importantes: por un lado demuestra la necesidad que subyace en el flamenco de ser manifestado también en espacios públicos, al alcance y el disfrute de todos; por otro lado, suscita la reflexión sobre la relación que existe de los extranjeros con este arte, ya que una gran parte de la sociedad andaluza desconoce totalmente la profunda conexión y la dedicación sistemática que algunos de ellos invierten en la enseñanza, el aprendizaje y en andar sus caminos hacia la profesionalización, tanto en tierras andaluzas como en sus países de origen.

La acogida que ha tenido la iniciativa de Danila y Ana de acercar el flamenco al público sevillano pone de manifiesto la función social de la calle como plataforma para la difusión de numerosas manifestaciones culturales, un espacio de encuentro entre el público y los artistas jóvenes. Una función que podría haber sido prevista y avalada por las políticas publicas de gestión cultural de la ciudad que, en el caso del arte flamenco es totalmente descuidada, cuando no prohibida.

Quizás lo que más ha calado en nuestras conciencias como ciudadanos-visitantes diarios del centro de Sevilla es que el flamenco, el arte andaluz por excelencia, puede alegrar nuestra vida cotidiana y puede servir como puente de comunicación para el entendimiento de la diversidad cultural y de las hibridaciones culturales que enriquecen nuestro día a día.

Ver a Danila y Ana bailando sevillanas con elegancia e improvisación insólita; verlas interpretando tangos y alegrías, con todo su arte y toda su gracia acompañadas de la guitarra de Stieven, presenciar cómo invitan a los transeúntes a que se acerquen para transmitirles el amor que sienten por este arte es una actitud que rinde homenaje al hecho cultural flamenco que tanto queremos en la tierra andaluza. Felicito (me generan optimismo) estas iniciativas y animo a que reflexionemos todos sobre las diversas formas de liberar el flamenco y dejarlo fluir abierto, dinámico y polifacético por las calles de Andalucía.

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