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Templos de
enseñanza del baile flamenco
Dentro de unos días
abrirán de nuevo sus puertas y los susurros políglotas
volverán a habitar sus patios y sus vestuarios
entregados provisionalmente en los tiempos de las vacaciones
navideñas. Me refiero a las academias, escuelas y estudios
de baile flamenco que en todo el territorio andaluz se comprometen
con la enseñanza, transmisión y difusión de
esta disciplina artística. Se trata de templos de enseñanza
del arte flamenco que a lo largo del curso anual acogen en sus senos
miles de nuevos adeptos; la mayoría de ellos, son chicas
jóvenes provenientes de todas las partes del mundo que
cruzan los altares flamencos en la búsqueda del aprendizaje
de técnica corporal y del estilo personal anclados en las
genuinas raíces andaluzas.

Fotografía: Web Manuel Betanzos
Estos focos del continuo vaivén de alumnas extranjeras
tienen múltiples funciones que transcienden del mero hecho
de enseñar el baile flamenco, comúnmente asumido como
su principal objetivo de existencia. Pero para entender con exactitud
estas funciones hemos de ubicar a los referidos espacios de
enseñanza en su más amplio contorno social: la sociedad
andaluza, el alumnado de las academias y las relaciones de
interacción e intercambio cultural que se desarrollan entre
ambos. Las academias son puntos de referencia para los neófitos
alumnos, los enterados, los profesionales del mundo
escénico y los docentes. Es allí donde todos estos
actores se conocen y se reconocen: se privilegian unos estilos de
baile frente a otros, se reclutan bailaores y
bailaoras para compañías de baile, se crean amistades
y contactos profesionales, se fomentan redes de intercambio de
noticias sobre el flamenco (cursillos, actuaciones,
espectáculos, venta de productos, festivales) y se
genera un circuito flamenco para la inserción laboral
de los nuevos artistas, se potencia la solidaridad entre ellos.
Los barrios y los alrededores de las escuelas de baile se convierten
en un espacio primordial de socialización para los
alumnos: estos lugares sirven también para intercambiar
información sobre el alquiler de pisos para establecer su
estancia o de estudios de ensayo, ampliando las relaciones en los bares
que se encuentran próximos a las academias, conformando de este
modo espacios de interacción social cotidiana. Se suele
tomar un cafelito antes de entrar a la clase, desayunar
pidiendo una tostada andaluza y pasar un buen rato
cuando termina la clase antes de volver a casa o encerrarse en
algún estudio para ensayar. Hay una interiorización
de los tiempos y de los espacios compartidos. De ahí su
designación como templos de enseñanza
que me permite hacer referencia a estos procesos de ritualización
que marcan el significado cultural y social de las academias. Hay
jerarquía de valores y estatus, reglas de disciplina,
elementos sacralizados como el culto al compás y a ciertos
estilos de baile, solidaridad entre los miembros y reconocimiento del
valor de la tradición y de lo estilizado, de la
distinción entre lo puro-ortodoxo y lo
mezclado-novedoso, toda una simbología que marca
el proceso de enseñanza del baile flamenco. Hay un
espacio interior donde se realiza el ritual de la enseñanza,
se permite cierta conducta reglada basada en las normas de la
academia, marcada por el lugar físico y social que ella
ocupa; y un espacio exterior –la propia sociedad andaluza- donde
la comunidad del baile establece relaciones cotidianas, intercambios
culturales, y donde es reconocida como tal por la gente
común del barrio.

Fotografía: Web Manuel Betanzos
Es así que uno de los elementos recurrentes que constatamos a
la hora de iniciar una búsqueda cibernética en
torno a las academias y escuelas de baile flamenco es su
dedicación no sólo a la enseñanza, sino
también a la difusión del flamenco o
al encuentro con la cultura andaluza dirigido a la
experiencia individual¹. Es en la cultura andaluza
donde tenemos que proyectar la mirada a la hora de buscar los
significados de la enseñanza del arte flamenco. Las
clases de baile permiten a los profesores establecer el
código comunicativo con el alumnado proveniente de
diversas culturas, imprescindible para transmitir la
técnica del baile e introducir tanto a los alumnos
neófitos como a los ya iniciados en el mundo de la
expresión artística, en la gestualidad y la
interpretación de una manifestación cultural
andaluza. No se aprende sólo a bailar –zapateo,
compás, postura, brazos-, sino también a
interpretar y a sentir el flamenco. Como señala
Manuel Betanzos en la página web de su academia
-refiriéndose a su trayectoria profesional- el
objetivo es asumir con garantías la enorme
y difícil tarea de enseñar algo tan abstracto
y heterogéneo, en lo que no basta con aprender un
conjunto de movimientos, sino que se trasciende mucho mαs
allá, saltando la barrera de la racionalidad para
adentrarse en el mundo de las sensaciones.²

Fotografías: Web Taller Flamenco
Ese algo tan heterogéneo
y complejo es la riqueza del flamenco, cuyo legado reposa
parcialmente en las academias y escuelas de baile, espacios
de encuentro con la diversidad flamenca, contextos de emergencia
de nuevos artistas y residencias temporales para miles de
extranjeros que se afincan en Andalucía para aprender
este arte. A aquellos lugares de enseñanza que
llegan a cumplir con estas funciones los denomino
templos de enseñanza del baile flamenco
como un calificativo de reconocimiento de su valor y tarea.
Establecer unos espacios de contacto donde la enseñanza
adquiere el estatus de enculturación y transmisión
del conocimiento y de la técnica del arte flamenco se
convierte en un proceso comunicativo que facilita el
entendimiento entre varias culturas y personas.
¹ Véase por ejemplo
la página web de la Fundación Cristina Heeren
de Arte Flamenco www.flamencoheeren.com
y del Taller Flamenco www.tallerflamenco.com
² Véase la
página web de la Academia de Manuel Betanzos
www.manuelbetanzos.com
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