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Maria Pagés; el expresionismo flamenco
Alzo una rosa, y todo se ilumina
Como no hace la luna ni el sol puede:
Serpiente de luz ardiente y enroscada
O viento de cabellos que se mueve.
Alzo una rosa, y grito a cuantas aves…

Son los versos del poema Ergo uma rosa de José Saramago cuya filiación artística con Maria Pagés volvió a servir del hilo argumental para la puesta en escena del espectáculo Divinas Palabras. Maria Pagés encarnó la rosa alzada y se dejó llevar como serpiente de luz ardiente, inspirada y entregada, como si la voz de Saramago fuera resonando en el escenario de Cajasol en los tradicionales ya Jueves flamencos de Sevilla. Las formas expresivas y la gestualidad prodigiosa de la bailaora sevillana dominaron a lo largo de todas las Divinas palabras y sin duda fueron la estampa personal de Maria Pagés en la materia de coreografía: un auténtico y elegante expresionismo flamenco.
Precisión, definición, y elegancia dominaron en todo el espacio escénico. Dominio del lenguaje coreográfico y una sólida compaginación del baile clásico y flamenco prevalecieron en la actuación de Maria Pagés. Las líneas geométricas de sus brazos y su cuerpo elegante y orgulloso no dejaban de sorprender las miradas cautivadas de los espectadores. La bailaora supo coordinar bien un discurso poético, un lenguaje coreográfico y una jovencísima compañía. Como la aguja de un cronómetro –fija, estable y segura- su fuerza marcó el ritmo interno y externo de toda la coreografía; sea con su presencia escénica o con su visible estela en la actuación de los jóvenes bailaores y bailaoras.
La compañía de Maria Pagés defendió el lenguaje coreográfico con mucha valentía y frescura. Un cuerpo flamenco sólido y elegante que se destacó por su sincronización y fuerza y suscitó varios ole los bonitos a lo largo de todo el espectáculo. Especial momento de atracción el baile de la farruca donde Maria actuó en compañía de los cuatro bailaores generando una atmósfera llena de elementos teatrales, de códigos secretos y conspiración flamenca entre la señora que iba vestida en traje y los muchachos en pantalones negros; entre el poder de la seguridad que confiere la experiencia y la solidaridad espontánea que caracteriza a los neófitos. Momento lúdico: el baile de las alegrías interpretado por la compañía; toda una explosión coreográfica de alternancias continuas y transiciones guapas entre silencios, falsetas y escobillas donde las tres bailaoras lucieron con su fresca feminidad flamenca.

Destacaría dos elementos en cuanto a la valoración global del espectáculo en su conjunto: la fuerte poder teatral y gestual de Maria Pages y su indiscutible capacidad de crear solidez y seguridad en su cuerpo de baile. El expresionismo de Maria Pagés fue la base organizativa de todo el espectáculo y las lúcidas actuaciones de su joven compañía fueron la mejor prueba del talento y capacidad de una coreógrafa a la hora de generar confianza y seguridad en su cuerpo flamenco. Quiero destacar también las voces mágicas de la cantaora Ana Ramón y el cantaor Ismael de la Rosa –un amalgama de dulzura, ternura y quejío- que tuvieron su momento protagonista en al Martinete y Debla.
Maria Pagés compartió el protagonismo con todos los miembros de la compañía y no dejó de concederles espacio propio para la recepción personal de los aplausos de un público efervescente. Momento eufórico para todos los asistentes que pudieron expresar y dejar palpada en el aire su familiaridad con el trabajo de Maria, su aprobación y su especial cariño. Manolo Marín llegó hasta los camerinos; y allí dejé yo mis últimos pensamientos en torno a la faceta coreográfica y escénica del espectáculo para dar el giro hacia la faceta humana. Cuantas veces olvidamos quizás que el reconocimiento social de un artista no viene sólo de lo aplausos y la gloria del éxito en el escenario, sino también de los abrazos, compañía y palabras dulces de quienes fueron los grandes pilares en el largo proceso de consolidación profesional del artista. Pienso que María Pagés habrá sentido verdaderamente feliz y reconocida después de haber recibido los abrazos de Manolo Marín.
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