|
El flamenco, al ritmo de su tiempo
Transcurren tiempos de experimentación e innovación en el mundo del flamenco. Un nuevo estado de cosas, al decir de Israel Galván, dinámico y transversal que en realidad todo el mundo del arte, en su visión más global, está viviendo. Vivimos un periodo de síntesis donde varias técnicas y estilos artísticos se fundan en un argumento común, donde el flamenco –y en particular su baile- se encuentra en el apogeo de la creatividad e innovación. No paran de aparecer tentativas nuevas en todos los niveles de la creación flamenca: coreográfico, escenográfico, narrativo y estético. Algunas tendencias son más atrevidas que otras. Algunas tentativas parecen convencer más que sus coetáneas. Algunas experimentaciones se encaminan con más certidumbre que otras propuestas del mismo estilo.

En este marco innovador de confluencias artísticas se presentó el taller flamenco y videovigilancia, una propuesta de la 10a edición del festival Zemos98 que hace dos semanas se celebró en Sevilla. Todo un reto para los flamencos que participaron, que en colaboración con otros participantes procedentes del audiovisual tuvieron que crear una serie de desacostumbradas situaciones de interpretación de cante y baile flamenco para ser filmadas, bajo los parámetros del arte de acción o performance, así como contextualización de los mismos en espacios insólitos ¹
Traten de imaginar la siguiente escena que tuvo lugar dentro de un banco la semana pasada en Sevilla: Una cola delante de la caja. Una cliente supuestamente impaciente empieza a taconear. Poco a poco el soniquete del taconeo va subiendo aparentemente cada vez más nerviosa la cliente hasta que el director del banco se acerque y le pida amablemente que quite la sala. Ella empieza a zapatear a toda fuerza, salta la cola, llega delante del cajero, lo mira y remata con un Ole. Se gira y se va tranquila.
Cantar y bailar flamenco en un contexto extraño –el de la performance y de la filmación- a la vez que tiene lugar la actuación en espacios insólitos y a veces inhóspitos lleva una obvia intencionalidad detrás. Las acotaciones de los derechos de libre uso del espacio público en la ciudad de Sevilla son cada vez más evidentes igual que la tendencia de instalar la videovigilancia en las calles del centro y en los polígonos industriales. Con su iniciativa el flamenco rompe la distancia entre arte y sociedad y se hace testigo de las preocupaciones de su época: ¿cómo nos están vigilando el día a día? ¿Cómo puede aportar y participar el arte flamenco en las preocupaciones actuales de los ciudadanos en torno a su libertad de movimientos? Las cámaras de videovigilancia –los ojos panópticos- se giran hacia el flamenco en el sentido literal y alegórico: no sólo se emula la videovigilancia a través de la performance sino también se advierte de las múltiples formas de vigilar con la intención de disciplinar los cuerpos que salen de las normas. ¿Qué está pasando entonces hoy en día con quienes quieren renovar, romper o desafiar el límite de lo que es o no es flamenco?
El flamenco no es sólo una manifestación cultural sino un reflejo de la propia sociedad. Por su forma visceral y sus gestos expresivos tiene la vocación de cantar y bailar la propia vida; de convertirse en un instrumento cultural de análisis y reflexión más allá de la diversión y los fuertes estados anímicos que pueda provocar. La vídeo vigilancia está por doquier en nuestra sociedad; y el flamenco es capaz de representar este nuevo estado de percibir la ciudadanía, de bailarlo y cantarlo, de proponer vigilarlo (ser consciente de ello) a la vez que somos vigilados. En pocas palabras el flamenco se afilia a las reflexiones sociales contemporáneas y a los ritmos veloces e inquietantes de su época: se interroga y plantea interrogantes.

En el último festival de Jerez también se puso tajantemente de manifiesto esta nueva voluntad. Pudimos contemplar el maridaje entre los medios audiovisuales -como un nuevo elemento escenográfico y narrativo- y la libertad conceptual. Andrés Marín en su espectáculo El alba del último día se valió de la videoproyección para rescatar la memoria histórica del café cantante. El coreógrafo y bailaor sevillano apostó por una estética y narrativa propias de su estilo contemporáneo y de su compromiso con un flamenco heterogéneo y abierto. Objetivos logrados que llevaron la crítica y la audiencia a expresarse de manera extrema y a recurrir a una amplia gama de comentarios que sorprendieron por su diversidad y originalidad: ¿apoteosis o baile anti-ético?. Dos extremos de opiniones que iban rotando dentro de la tendencia generalizada de buscar definir dogmáticamente lo que es o no es flamenco. La misma disparidad de opiniones generó la propuesta El final de este estado de cosas del bailaor Israel Galván: recurrir al uso del video-documental fue una acertada opción para remover las conciencias del auditorio en torno a las múltiples formas de morir, hacer morir y enfrentarse con uno mismo después de una muerte. Al utilizar objetos simbólicos como un ataúd invertido o un tamboril rociero el joven coreógrafo facilitó el traslado de la acción a la vida real.

A nivel de las nuevas narrativas que lidian con temáticas sociales sobresalen a su vez las iniciativas de las bailaoras flamencas. Las jóvenes creadoras apuestan por bailar temáticas que giran en torno al cuerpo, la feminidad y los estereotipos y donde prevalecen las metáforas visuales. Pastora Galván en su Francesa y Rocío Molina en sus dos últimos espectáculos, Turquesa como el limón y Por el decir de la Gente sellaron la llegada de una apertura conceptual en el baile flamenco que apuesta por la libertad de expresión y temáticas relacionadas con la teoría feminista contemporánea. Una intencionalidad flamenca que es capaz de inquietar al público –al sugerirle una mirada más profunda- a la vez que se vuelve ella misma inquieta e introspectiva.
La diversidad de opiniones con relación a esta explosión creativa es muy amplia, lo cual demuestra que el flamenco es un arte complejo y que está vivo. La diversidad de propuestas es tan extraordinaria e inmensa que cualquier intento de abarcarlas en su totalidad quedaría corto en las intenciones. Hecho que pone en evidencia la era de la transformación de la nueva generación de los artistas flamencos. El camino es largo, espinoso y venturoso. No obstante los flamencos están más que preparados para afrontar el reto de su época: asumir las responsabilidades y defender los argumentos de sus desafiantes propuestas. Sin duda alguna, el flamenco está más vivo que nunca y los artistas flamencos al filo de las ultimas tendencias. El flamenco camina orgullosa e incesantemente al ritmo de su tiempo.
¹ http://www.zemos98.org/spip.php?article644
|