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Elizabeth Ortega

El flamenco como herramienta de transformación social

Actualizado: 09/01/2008

"El flamenco es un latido de dolor con el que un pueblo alivia las injusticias heredadas", dicen unos, y "un negocio para que muchos vivan del cuento", dicen otros. Los unos se sienten víctimas de una persecución que los ha marginado históricamente; los otros se quejan de las ayudas a fondo perdido que se le está ofreciendo a esta manifestación artística sin que se regule – en muchos casos- ni la cotización en la seguridad social, a la que está obligado todo españolito.

Créanme que estas dos posturas encarnizadas existen entorno al mundo del flamenco. Una representa la esencia del purismo ancestral, la otra la de un sector de la población que utiliza cualquier argumento para arremeter contra un modo de vida que consideran canalla y que en muchos casos se sale del encorsetamiento con que se regulan otras prácticas profesionales. Y ante estas dos reflexiones encontradas, en las que no pretendo profundizar, porque así planteadas te conducen a un debate estéril y racista por ambos lados, yo me planteo por qué no se empieza a usar el flamenco como una herramienta de transformación social especialmente en una comunidad como la andaluza. Los datos son alarmantes y les invito a reflexionar sobre ellos.

En estos momentos nadie discute que el flamenco ha sido fundamental en la construcción identitaria no sólo del pueblo andaluz, sino del concepto de España. Prueba de ello, por ejemplo, es la exposición "LA NOCHE ESPAÑOLA. Flamenco, vanguardia y cultura popular 1865-1936", residente hasta finales de marzo en el Museo Reina Sofía de Madrid. En estas obras, distintos autores han plasmado su visión del flamenco universalizándolo con sus pinceles.

En el mundo, la imagen de España está intrínsecamente relacionada con el ideario colectivo asociado al flamenco, y a esa imagen está ligada a la herencia de la cultura gitana andaluza. Con este silogismo planteado: ¿Cómo pueden seguir arrojando las encuestas datos tan preocupantes como los siguientes?:

En Andalucía, 1 de cada 4 ciudadanos prefiere tener como vecino a un extranjero, de la nacionalidad que sea, antes que a un gitano. Este es un dato desgarrador para un pueblo que lleva más de cinco siglos compartiendo nuestra nacionalidad. Por ello, me pregunto por qué no se utiliza el flamenco como un punto de encuentro real entre las dos culturas que configuran en este momento los pilares de Andalucía.

Entre los males endémicos de la cultura gitana se encuentra el absentismo escolar, que a su vez lleva implícito el desempleo, una sucesión de circunstancias que conducen a la marginalidad.

No seré yo quien ofrezca las soluciones a nada, pero sí alguna reflexión: el flamenco en las zonas marginales, con una fuerte presencia de la comunidad gitana, debería ser el caramelo que engatusara a los más pequeños para ver en la escuela un aliado y no una penitenciaría. No hay malos alumnos, sino profesores no adecuados para el colectivo al que tienen que formar. En los pentagramas hay matemáticas; en las letras, literatura; y en la historia del pueblo gitano se refleja la de España, la del mundo…. El problema es que en un momento histórico en el que se tiende a la homogeneización cultural para facilitar la manipulación capitalista que sólo persigue el consumismo, estos planteamientos se tachan de reduccionistas. En las escuelas andaluzas se debería estudiar flamenco, como en Cataluña se estudia catalán, para así conocer algo más de la cultura gitana, de su modo de entender la vida, de las justificaciones históricas y antropológicas que le preceden, pero esto es una inversión que no vería sus frutos en cuatro años, sino en la generación venidera. Y su rentabilidad en las urnas no es inmediata.

En ambas caras de la baraja hay un desconocimiento casi total de la realidad que arrastran los otros. Los unos se quejan de su marginalidad, pero no saben en muchos casos la penuria que provoca levantarse cada día a las 6 de la mañana para ganar al final de mes 900 euros con los que no se puede optar ni por una vivienda digna. Los otros le achacan a éstos que les hagan sentir culpables de una situación para la que exigen soluciones, aunque sin implicarse en el proceso de transformación de su propio modo de vida. ¿Todo se lo merecen por que sí? ¿Por qué tienen más derechos a una vivienda protegida que los no gitanos? Pero pasan por alto que somos la suma de las enseñanzas que nos han legado y para un pueblo perseguido hasta mediados de la década de los 70 y estigmatizado aún en nuestros días, es muy difícil recuperar el atraso histórico que arrastran. Para lo que deberíamos adentrarnos en el análisis de la cultura de la pobreza heredada. Lo cierto es que entre ambos se genera un vacío inabarcable que exige políticas integrales que sirvan para eliminar los miedos, la aversión mutua y ese desconocimiento que los condena a la estigmatización y al rechazo.

Medidas acertadas en este sentido se podrán disfrutar en un corto plazo de tiempo en el Polígono Sur, un compendio de 6 barriadas de Sevilla, que aglutina a 50.000 vecinos y que ostenta el triste privilegio de tener los índices de marginalidad más altos de Europa. En este núcleo de la población, la comunidad gitana supone cerca de un 15% del colectivo que lo habita y el flamenco es su buque insignia. De hecho, ya se conoce a este sector de Sevilla como la Triana del siglo XXI.

Tanto es así, que allí se va abrir el Coliseo del Flamenco, una apuesta que pivota sobre tres vértices: la necesidad de cubrir un nicho de empleo para un colectivo muy importante de la población dedicada a todo lo que rodea a este arte; la ubicación en este centro del más importante archivo sobre el flamenco para que esta zona deprimida se abra al exterior y sirva a la vez de atracción para quienes quieran adentrarse en esta manifestación artística; y la tercera, como un auditorio para recitales, con un aforo para 50.000 personas, que induzca a los interesados en el flamenco a acercarse no sólo a él, sino también a este enclave social y a los ciudadanos que lo habitan sin caer en estereotipos ni prejuicios adquiridos.

Si hay algo que tienen en común todas las zonas marginales, es que a ellas sólo acuden los foráneos para abastecerse de algo que esté al margen de la legalidad. Por lo que el gran objetivo del proyecto que se está desarrollando en estos momentos en el Polígono Sur, es conseguir que el barrio sea visitado por su oferta cultural, documental, laboral y formativa en torno al flamenco.

Para apostar por este tipo de iniciativas hay que estar un poco loco y pensar que otro mundo es posible, que otra manera de relacionarnos es posible, que el flamenco es algo más que una manifestación encorsetada, legada por nuestros ancestros. Hay que abrir los ojos y descubrir en el flamenco la llave maestra, tan necesaria para revelar la idiosincrasia del pueblo andaluz, oculta todavía para muchos de nosotros, sin maniqueísmos rancios. No duden que es algo intencionado.

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