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Canales,
en blanco y negro
Ficha técnica
Fecha: 17/01/2008
Espectáculo: Bailaor
Ciclo: Jueves Flamencos de Cajasol
Artista: Antonio Canales
Artista invitada: Pastora Galván
Guitarras: Miguel y Pedro Iglesias.
Cante: David Sánchez, "El Galli de Morón;
Antonio Núñez, "El Pulga" y "El Londro".
Percusión: Amador Losada.
Lugar: Sala Joaquín Turina, (Sevilla)
Hora: 21:00
Comentario: Espectáculo puro sin nada de contemporáneo
Como prometió,
su coreografía no distrajo al espectador de la esencia
del flamenco, que dejó escapar especialmente por sus manos.
Pudimos ver a un Canales
en el que la pasión y su entrega camufló las
sombras de algunos pasos mecánicos, en los que la
improvisación parecía ganarse terreno en
el escenario. Y sobre todo, de un sobrepeso que no le
impidió realizar unas escobillas y zapateados con
instantes magistrales, en los que consiguió
transmitir ese pellizco que te enmudece el alma.
Y en eso además
hay que decirle ole a Canales: en sus silencios. En el manejo
magistral de los tiempos y la ausencia envolvente de
sonidos, que invitaban a reflexionar al espectador.
El pasado jueves pudimos
ver a un Premio Nacional de la Danza (1995) por momentos
desconcentrado, que se atusaba constantemente el pelo y
al que se le perdía la mirada ante un público
-entregado de antemano-, con el que quería fundirse
de la mejor forma que sabe: bailando.
Pudimos ver a un Canales
ambiguo, en el que la feminidad y masculinidad quedaban
disipadas en un entramado de pasiones que te invitaban a
replantearte los prejuicios sobre los que edificamos nuestros
universos incoherentes, reprimidos e hipócritas, a
los que hace falta que le abramos las ventanas
No obstante cuando lo vi
encima del escenario, no pude evitar el paralelismo con
Maradona. Un as carismático al que su público
le perdona todo, esperando ese minuto de gloria, que
sólo los grandes consiguen regalar y que él
siempre ofrece.
Por su parte Pastora
Galván, la artista invitada al espectáculo,
no terminó de convencer al auditorio, con las
alegrías que bailó embutida en un traje celeste
cielo, que no le potenciaba sus rasgos más atractivos,
y en las que se echó en falta un rostro festivo,
que reflejara la cara más dulce de este baile.
¿Por qué se bailan las alegrías con
la misma dureza y agresividad que una seguiriya?
Cuando terminó el
espectáculo con un fin de fiesta por tangos en el
que Antonio y Pastora se miraron cara a cara, me inundó
un pensamiento que dibujó una sonrisa en mi rostro:
¿Quién de los dos encarnaba el papel de hombre
y el de mujer? ¿Dónde quedaba el purismo y
la ortodoxia del flamenco? Fue un alegato a la ruptura de
los prejuicios. Una noche de arte donde los límites
quedaron pulverizados.
Si bien he de decir que
la iluminación fue pésima, hubo momentos en
los que a los artistas sólo se les veía sus
figuras, pero no sus caras. Y a veces el rostro de un
cantaor interpretando un martinete dice más que
la propia letra. Se echó también en falta
más calidad en el atrás, los cantaores
ejecutaron los cantes al límite de los tonos
desafinando más de lo permitido, y la
percusión le hizo un flaco favor a los zapateado.
No ocurrió lo mismo con el toque: la saga de los
Iglesias siguen demostrando cada día que no
tienen parangón en el acompañamiento
al baile.
Por cierto: silencien
los móviles por favor cuando entren a un espectáculo.
No hay derecho a que un cante por martinete quede interrumpido
-en tres ocasiones- por la impertinente insistencia de
un móvil.
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