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Versátiles límites
El fin de semana ha estado de lo más flamenco.
Desde Sara Baras en el Teatro Maestranza que ha hecho triplete desde el viernes al domingo con su CARMEN, pasando por una noche de Rock Flamenco en el auditorio, que echó el telón a las 4 de la mañana, para concluir anoche en el Lope de Vega con Diego Carrasco y su coro de Las Peligro, presentando El Tiempo del Diablo.
En un breve repaso, Sara Baras, que reinterpretaba uno de los personajes más revisados de la historia, dio un gran espectáculo, pero sin el climax dramático que se le supone a este mito. Lo único: el cigarrillo que se fuma en el escenario y la pasión del vestuario en rojo y negro. De lo mejor la colaboración del violinista Ara Malikian. Pero como siempre contó con un público entregado que la disfrutó en un fin de fiesta por bulerías intachable.
Por su parte, la noche de Rock y Flamenco, da, os lo juro, para un trabajo sociológico. Nos situamos en la noche del sábado 20 en el Auditorio Rocío Jurado. Tres cuartos del aforo completo. ¿Qué nos ofreción la noche? Rock aflamencado, cervezas y canutos. Esos fueron los tres vértices de un triángulo en el que sólo se sintieron realmente integrados los que vivieron aquella etapa de transición política y musical que combinaba las influencias que llegaban de fuera con nuestras raíces.
La actuación más completa la apertura de Lole a las 11 en punto, de la noche, con una puntualidad que extraña entre los flamencos.
 Lole en la apertura de Rock y Flamenco
El toque más movidito lo puso Pata Negra que consiguió convencer a un auditorio con ganas de marcha y que le acompañó cantando "Yo me quedo en Sevilla hasta el final
"
El punto mágico y álgido lo puso Alameda cantando con Eduardo Rodríguez, el único componente vivo de Triana, el clásico: Tu Frialdad.
 Ambiente en el Auditorio este sábado
Y ya desde ahí, hasta las 4 de la mañana todo era esperar a un Manuel Molina que cantó con los Smash el Garrotín, que hacía décadas que no se escuchaba. Pero salió cansado y no se entregó como el público esperaba, y ¡con la camisa coja Manuel
! Pero mereció la pena ver a ese profeta abrazado a su guitarra eléctrica ante un público incondicional.
 Manuel Imán en un momento de su actuación en el Auditorio
Para mí Cai, Guadalquivir o Tabletom, me cansaron. De hecho miles de personas abandonaron el Auditorio antes de que terminara el espectáculo.
Y ya para cerrar Diego Carrasco en el Lope dio lo que se espera de este tipo de genios: arte y chispa pero un caos que no termina de convencer a los más ortodoxos del flamenco, pero que te sube el ánimo porque chispa sí que tiene. Lo demás un circo divertidísimo que no te puedes perder. Pero Diego
un poco de rabitos de pasas para las letras
que eres el peor
En fin una Bienal que está dando juego para las anécdotas y las discusiones encarnizadas sobre los versátiles límites que en estos tiempos está mostrando el arte flamenco.
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