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Catherine de Jerez
Fotografías: PACO SÁNCHEZ
Actualizado: 02/03/2008
La veo cada día postrada en los aledaños del Villamarta, de la Sala Compañía, en la Bodega Los Apóstoles, en el Palacio de Villavicencio. La veo en el bar de Diego Carrasco, en el colmao del Grilo, en la Peña Tío José de Paula o en la Bulería, en la calle la Merced donde se ubica la asociación Folklor-Andalusi Rajeando. La veo entrando y saliendo de las sedes donde Matilde Coral, Javier Latorre o Angelita Gómez, entre otros maestros, imparten clases para iniciados y para principiantes. La veo al atardecer caminado por los alrededores del hotel Los Jándalos, donde nos hospedamos los periodistas especializados, paseando con un grupo de amigas muy flamencas ellas. La veo en el bar la Reja, tras las actuaciones, o en el bar El Teatro minutos antes de que comiencen.
Su elegancia supera los límites más insospechados, lo mismo que su erotismo. Es mulata, espigada, risueña, de labios mesurados, ojos inefables, miradas brillantes. Su melena es azabache, ensortijada, la lleva siempre desplegada sin coherencia sobre los hombros erectos. Observo que siempre lleva enrollado entre sus dedos el folleto de mano del programa del día, como si fuera el catalejo con el que mira la distancia que la separa de su país a la vez de la proximidad que le une a este arte que le ha traído hasta aquí. Asobacados, destacando de un exuberante corpiño, también lleva el Diario y la Voz de Jerez, los rotativos que más atención prestan a este XII Festival. Es impetuosa y de la mochila que siempre va con ella saca de súbito su Canón digital y lo fotografía todo, como queriendo inmortalizar cada momento. Me vuelve loco ver esa pasión, esa afición que le pone a las cosas, al arte que yo también amo
Sus dedos los adornan exóticas piedras de colores variados. Se llama Catherine, pero ya la he sacado de pilas para rebautizarla con el remoquete de Catherine de Jerez, porque ya es tanto de aquí como los ratones bebedores de González Byass. Un chorreón de buen caldo de la tierra ha servido para ponerle sabor al ritual. Ella, es así, pero podría ser de rasgos asiáticos, alemana, francesa o de Helsinki
Sabe que mis miradas cuando la ven divagan perdidas en la admiración que me provoca, y sin decir nada me lo dice todo
Catherine, es una de la mil cursillistas que han recaído en Jerez, procedente de 30 países perteneciente a los cinco continentes inducidas por el baile flamenco, un arte cuya génesis se localiza a kilómetros de sus casas, cuyo Todo nada tiene que ver con su cultura, cuya lengua es otra, pero el amor lo puede todo
y ahora están aquí; en septiembre se irán a Sevilla. Así conforman la ruta de sus vidas dejándose en el intento cuanto consiguen ahorrar para vivir, recibir las clases de los mejores maestros, para estar al día de lo que se cuece en la danza flamenca, que en estos días convierte a Jerez en la ciudad del movimiento. Lo quieren ver todo, los 50 espectáculos programados, tienen sus reservas hechas desde hace meses, y no sé cómo lo harán, pero siempre están allí. ¿Extranjeras les llaman? No. El flamenco es tierra de todos, para poder seguir siendo tierra de nadie.
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