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La gratificación del
flamenco: cuando la edad es un recurso y el aprendizaje un
empeño.
Actualizado: 19/03/2008
Sevilla 11 de marzo.
Mercado del Arenal: allí se realizan las clases de
baile flamenco, danza española y castañuelas
de Dolores Gandul López, una profesora veterana de
56 años y una artista madura que pertenece a la generación
del Sindicato de Profesionales del Espectáculo de Sevilla.
Una gran mujer y una gran profesora que acoge con amor y pasión
a sus alumnas de todas las edades, mujeres empadronadas en
el Distrito Casco Antiguo de Sevilla, que acuden con la máxima
puntualidad, disciplina y alegría a las clases que
imparte con entrega y empeño Dolores.

Mercado del Arenal. Clase
de Castañuelas
Nuestro encuentro ha sido
casual. Entré en el Mercado del Arenal para hacer mis
compras y me sorprendí del sonido de zapateado que
hacía eco desde un lugar cercano. Tanteé el
espacio un poco asombrosa y al final me asomé a una
puerta entreabierta al costado. Y allí me quedé
toda la mañana ensimismada: ¡qué bello que
era ver mujeres andaluzas de todas las edades aprendiendo
unas alegrías dentro de una sala tan flamenca y con
una profesora tan entregada! Dolores les enseñaba a
recogerse, marcar, y doblarse; pero sobre todo a sentirse
bien y alegres con los movimientos de su cuerpo. El día
siguiente volví al Mercado del Arenal para ver la clase
de castañuelas. Y aquello fue una revelación:
si bailar las sevillanas con arte tiene su guasa
pues ni se imaginan lo complicado que es bailarlas con los
palillos. No obstante las alumnas de Dolores habían
puesto todo su empeño, el ensayo les salía bien
y el resultado final prometía mucho. La enseñanza
del flamenco puede ser muy gratificante.
Y es que no se suele dar
este caso en Sevilla, donde la mayoría de las escuelas
y academias están destinadas a la afluencia extranjera
y a un compromiso cotidiano encaminado hacia la profesionalización.
De ahí que el descubrimiento de una aula flamenca tan
distinta –en términos de espacio y composición
del alumnado- llame mucho la atención y provoque reacciones
variopintas; mientras Dolores se estaba dando la clase se
asomó un joven y exclamó Vaya! están
dando flamenco. Luego Dolores me señaló
que le causan mucha gracia este tipo de comentarios espontáneos
de la gente de la calle que entran en el mercado para hacer
sus compras y se encuentran con un aula de flamenco. Es como
si hubieran descubierto América me dice
con su voz imperiosa y nos echamos a reír las dos.

Mercado del Arenal. Clase
de Castañuelas
Las clases de Dolores tienen
la particularidad de dirigirse a las mujeres del barrio y
de todas las edades. Y lo digo literalmente: de todas las
edades. Para las mujeres más jóvenes –Mercedes,
Isabel, Maria Jesús, Reyes- tomar esta clase de flamenco
es una forma de combinar el aprendizaje del arte andaluz con
la gimnasia. Como afirma Dolores la juventud que me
viene es para hacer gimnasia. No hay mejor gimnasia que el
flamenco. Mueves todo el cuerpo. Hay una edad intermedia
de alumnas que se quieren desenvolver bien en los bailes de
fiesta y aprender a bailar las sevillanas con los palillos.
Con las señoras mayores se trabaja mucho el ritmo y
las castañuelas. En este curso anual están aprendiendo
a tocar El Vito, uno de los temas más fogosos del Intermedio
de Las Bodas de Luis Alonso. Y en este carácter
rítmico -alegre y apasionante- de esta composición
musical andaluza es donde mejor se reflejan las intenciones
de la profesora: resaltar la alegría de la vida y las
múltiples emociones que la edad arrastra con el paso
del tiempo. Dolores es una profesora con mucho carácter,
pasión y entrega a la hora de dar su clase y eso se
le agradece.
En sus clases, la edad
no es un principio de clasificación sino de experiencia
colectiva. Cada alumna aporta sus propias emociones y voluntad
y todas juntas aprenden a convivir en un espacio rítmico
y sonoro marcado por el cante flamenco y los ritmos de danzas
populares españolas. Los resultados de las clases de
Dolores son polivalentes: se aprende a conocer y disfrutar
el baile y cante flamenco, transmitir sentimientos con el
cuerpo, desenvolverse en los espacios festivos, distinguir
con el arte de las castañuelas, socializarse y conocer
a gente de todas las edades. Se aprende a reconocer las varias
posibilidades del cuerpo y los límites de las edades
llevándolos a sus extremos.
Magdalena que acaba de incorporarse
–que vino de rebote como dijo Dolores- no para
de elogiar a su profesora que sin embargo no para de reñir
a Encarna, una señora mayor que acude a la clase de
castañuelas con su nieta. Pero entre ellas se entienden
muy bien. Encarna ha dado un salto impresionante desde el
año pasado y eso para Dolores es lo que la estimula
a la hora de exigirle más. Al final de la clase alumnas
y profesora se abrazan y despiden como si fueran amigas de
toda la vida.

Mercado del Arenal. Clase
de Castañuelas
A la hora de hablar de amistades
Dolores se emociona y no para de mencionar nombres: Rosa,
María José, Lole, Esperanza, Encarna, Reyes...con
la fuerza de experiencia de una mujer que ha vivido densamente
su vida y la ha dedicado a la enseñanza del flamenco,
la profesora veterana afirma rotundamente: Me siento
muy querida en mis clases, mis alumnas me hacen regalos, me
llaman por teléfono, me felicitan…Algunas veces parece
que subo el tono de voz o que me altero, pero ellas saben
que éste es el tono natural de mi voz y que yo me empeño
mucho para que ellas aprendan. Y los resultados de las
clases de Dolores son evidentes y gratificantes: cuando ensayan
su baile, el coro de castañuelas resuena en todo el
mercado del Arenal hasta la entrada principal, las caras de
los transeúntes se llenan de euforia, los clientes
del mercado se entretienen y los vendedores disfrutan de un
espacio ameno de trabajo.
A mediados de mayo las alumnas
de Dolores presentar los resultados de sus clases en Alameda,
en el fin de curso organizado por el Distrito Casco Antiguo.
Les deseamos mucha suerte desde el Universoflamenco y animamos
a que la gente acuda a esta cita para comprobar lo gratificante
que puede ser la enseñanza del flamenco cuando una
profesora convierte la edad en un recurso y la voluntad de
aprender en un empeño.
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