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alboreá
f. [De albor, luz de alba, y éste del lat. albor, oris.]
Cante con copla por lo general de cuatro versos hexasílabos
y un estribillo. //
2. Baile mímico que forma parte de los de las zambras
gitanas. Aunque este estilo con compás de solea ligera
o solea por bulerías, forma parte del ritual de las
bodas gitanas y sus letras más divulgadas hacen referencia
a la virginidad de la novia. J. Rodríguez Garay, en
su trabajo De algunos usos y ceremonias nupciales de España
publicado en la revista El Folklore Andaluz, nº6, escribe
lo siguiente solare la alboreá: "Costumbre antigua
es en algunos pueblos de España arrojar dulces y flores
a la novia, cuando se dispone a bailar. En El Coronil (Sevilla)
se arrojan puñados de almendras y confites. En algunos
pueblos de Sicilia arrojaban sobre los esposos al volver de
la iglesia no sólo trigo y harina, sino pan algunas
veces.
En un romance antiguo, al hablar de las bodas del Cid con
doña Jimena se dice: "Por las rejas y ventanas
/ arrojaban trigo tanto / que el rey llevaba en la gorra /
como era ancha, un gran puñado"". Los gitanos,
por otra parte, han intentado mantener el cante por alborea
como patrimonio exclusivo de sus fiestas con motivo de los
enlaces matrimoniales, por considerar la prueba de la pureza
de la novia singular patrimonio de su cultura específica,
actitud que Manuel Barrios, en su libro Proceso al Gitanismo,
ha criticado, y "de paso" aclarado que la costumbre
fue común del pueblo español durante muchos
siglos: "Como una muestra mas de la discriminación
que practican, presumen negar el acceso, al no gitano, a sus
más secretas e íntimas ceremonias. Tal es el
caso de la boda, que ningún payo debe ver: ni siquiera
oír el cante de ellas, la alborea: todo un rito excluyente
y exclusivo, aunque acusando un punto bastante vulnerable,
y es que esa misma boda. con el pañuelo en el que nacen
las tres rosas -es decir, la desfloración manual con
sus tres manchas de sangre-, no es rito calé. sino
castellano.
Produce cierta tristeza destruir mitos salvajes y bellos,
pero aquí estamos para hablar en serio, y decir que
la barbara costumbre castellana se deroga cuando en España
dejan de reinar los Austrias".
Citando como ejemplo que la propia Isabel la Católica
se sometió a la prueba de virginidad. Demófilo,
en el prólogo y en nota a pie de página, de
su obra Colección de Cantes Flamencos, al glosar la
letra que empieza diciendo "En un prado verde / tendí
mi pañuelo", que ofrece en su versión de
siguiriya, también se refiere a la costumbre de mostrar
las pruebas de la virginidad de la novia en Sicilia, según
testimonio que cita del autor italiano Giuseppe Pitré.
E. Pohren, en su libro El Arte Flamenco, comenta con respecto
a la alboreá: <<Hasta hace poco, los gitanos
creían que traía mala suerte cantar las alboreás
fuera de las bodas y dentro del radio de atención de
los no gitanos. Hoy día, con estas alboreás
grabadas en antalogías y cantadas ya por lo menos en
una película, sin que se haya derivado ninguna consecuencia
de importancia, aquella creencia esta generalmente desacreditada".
En opinión de Ricardo Molina: "O la alboreá
es síntesis misteriosa de casi toda la gama flamenca
o las diversas modalidades flamencas proceden de ella. Para
que su multivalencia artística sea completa, es, por
añadidura, bailable. Su compás es el mismo de
las soleares primitivas para bailar".
Por su parte. Manuel Martín Martín, considera
los siguientes matices: "Mucho se ha dicho y escrito,
hasta convertirlo en leyenda, sobre este cante condicionado
a exaltar la castidad prenupcial de la novia. Tampoco faltan
quienes, basándose en las letras, dudan que la forja
del mismo tuviera lugar en el seno familiar de los gitanos
de la baja Andalucía, por supuesto que nos referimos
a la auténtica alboreá flamenca, la sevillana
o gaditana, sin que por ello obviemos las de Córdoba.
Granada, Jaén, y la de algunas localidades extremeñas.
Dentro del mismo cante percibimos diferencias susceptibles
entre las de Cádiz y Los Puertos (soleá bailable
romanceada), Jerez, Lebrija y Utrera (soleá por bulerías
romanceadas), y las más puras que conocemos -en cuanto
a riqueza musical, variaciones y matices-, las de Ecija, que
suponen la reliquia más perfecta de las llamadas bulerías
de escuche". Cantaores gitanos, como Rafael Romero y
Joselero, entre otros, han grabado versiones de alboreás,
pero su práctica de cara al público sigue siendo
mínima en festivales y recitales.
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