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caña
f. [De origen incierto. Posiblemente estribillo de una de
sus letras primitivas, cuando aún era canción
popular, en la que se citaba repetidamente el vocablo, o,
tal vez, de la costumbre antigua de cantar en honor del vaso
de vino que en Andalucía se llama caña, y éste
del lat. canna, caña, junco.] Cante con copla de cuatro
versos octosílabos, que riman el segundo v el cuarto.
Es un cante duro, recio, largo, que suena la liturgia, melancólico,
repleto de melismas, que se remata con un macho de diferente
métrica y más empuje, a veces una soleá.
De difícil ejecución requiere cualidades físicas
excepcionales en el cantaor para su perfecta ejecución,
no utiliza, el jipío como elemento expresivo, por lo
que se mantiene en todos sus tercios retador y gallardo.
Algunos teóricos lo han considerado como tronco de
muchos cantes, tal vez porque el vocablo caña debió
emplearse, en lo antiguo, para designar estilos diferentes
2. Baile que fue creado en los años treinta del presente
siglo por Carmen Amaya, según sus propias declaraciones,
con la colaboración del músico Monreal y el
guitarrista Perico el del Lunar, sobre la versión cantaora
de don Antonio Chacón de este estilo, aunque es posible
como algunos viejos intérpretes apuntan, que se bailara
con anterioridad, pero se carece de datos documentales de
ello.
Serafín Estébanez Calderón, en su obra
Escenas andaluzas, editada en 1847, llamó a la caña
tronco primitivo de los cantos andaluces y a renglón
seguido la describe así:<<Nadie ignora que la
caña es un acento prolongado que principia por un suspiro,
y que después recorre toda la escala y todos los tonos,
repitiendo por lo mismo un propio verso muchas veces, y concluyendo
con otra copla por un aire más vivo, pero no por eso
menos triste y lamentable. Los cantaores andaluces, que por
ley general lo son la gente de a caballo y del camino, dan
la primer palma a los que sobresalen en la caña, porque,
viéndose obligados a apurar el canto, como ellos dicen,
o es preciso que tengan mucho pecho o facultades, o que pronto
den al traste y se desluzcan.
Por lo general la caña no se baila, porque en ella
el cantador o cantadora pretenden hacer un papel exclusivo".
A partir de este autor han aparecido diversas teorías
y referencias sobre la caña y en torno a su etimología
y sus orígenes, que más arriba han quedado sintetizados,
pero estimamos conveniente transcribir dos de las mas recientes,
dispares en algunos aspectos y coincidentes en los esenciales.
Son las siguientes: José Blas Vega: "Del primer
cantaor de cañas que tenemos noticias. es Francisco
Vargas Ortega El Fillo, hacia 1844.
Era costumbre en tiempos antiguos cantar detrás de
la caña el polo, resultando la cosa un poco larga y
monótona. Esto parece ser el motivo de que el señor
José El Granaíno, banderillero de Cuúchares
y gran cantaor y creador de cantiñas, redujese en la
caña los ayes del segundo y cuarto verso y le diese
un aire más vivo, mas valiente. E! Gordo Viejo, quita
el polo, introduciendo parte de éI en el macho de la
caña, y su hijo Enrique El Gordo añade una solea
corta y sencilla. Fue don Antonio Chacón el que logró
dotar a la caña de una cuadratura musical perfecta.
Le imprimió la dulzura musical que necesitaba y que
con tanta inteligencia ponía Chacón a los cantes,
demostrando que había que mantener la línea
rítmica. Dio a conocer, popularizándola. la
clásica letra: "A mí me pueden mandar /
a servir a Dios y al rey. / pero dejar a tu persona / eso
no lo manda la ley". Letra de una solea de Paquirri.
que cuadraba perfectamente con el carácter de la época.
A Chacón también le pareció que el final
estaba pobre y reemplazó la soleá de Enrique
El Gordo, por una grande de Triana, por la de Ribalta: "Los
lamentos de un cautivo / no pueden llegar a España.
/ porque esta la mar por medio / y se convierten en agua".
Con la muerte de Chacón dejó de cantarse hasta
1950, pero su recuperación va unida a la perdida de
grandeza y expresión, pues ha quedado un poco momificada
y monótona, defectos que se acusan más cuando
se canta actualmente para bailar.
Además de los citados, fueron grandes intérpretes
de la caña: Curro Durse, Silverio, La Parrala, Paco
El Sevillano, Fernando El Herrero" Ricardo Molina: "La
caña que se canta desde hace diez o doce años
-escribe en 1960- responde, con pocas variantes (las muy leves
de un Manolo Caracol, por ejemplo) a un tipo único
rígido, académico. Para que la fijeza y estatismo
sean mayores, hasta la letra se repite rutinariamente: "A
mí me quieren mandar...". Por eso y por otros
motivos, me parece que nuestra caña es una momia, un
cante sin vida, memorístico, inerte; todo lo contrario
de lo que es y debe ser un buen cante... Tenemos sin embargo
una ventana abierta a la vieja caña, si no a la caña
misma de Silverio. Tenemos en primitiva grabación discográfica
la que, en 1922, cantó Diego Bermúdez de Morón
-se refiere a El Tenazas- en el Concurso Nacional de Cante
Jondo de Granada. Con ella y con sus soleares apolás
al estilo de Silverio ganó el primer premio de la segunda
sección de cantes integrada por serranas, cañas,
soleares y polos. En aquella fecha, Diego Bermúdez
tenía sesenta y ocho años y había nacido
por lo tanto en 1854. Pudo perfectamente oír los cantes
del Fillo y del Planeta, que gozaban de buena salud y facultades
en 1847. Y si no los oyó a ellos personalmente, pudo
oírselos a discípulos directos. El cantaor suele
arrancar siempre de una tradición anterior...
De modo semejante Diego Bermúdez, nacido en 1854,
lleva al 1922 la tradición del cante de 1830 a 1860;
recoge en esencia, a través de Silverio y otros, los
cantes del Fillo, y sus contemporáneos, los que menciona
Estébanez Calderón... Diego Bermúdez
representa, pues, con respecto a la caña el más
venerable y fiel testimonio vivo. Su caña debe aproximarse
mucho a la primitiva pureza de este cante. Sólo así
se explica, por otra parte a que a tan avanzada edad, y sin
ser un cantaor excepcional, se le concediera el primer premio
por cañas... Estimo a la caña de Bermúdez
como una verdadera joya. Escuchándola repetidas veces,
no me explico como los actuales cantaores-los buenos- no se
aplicaron a ella y de ella partieron para adaptarla a sus
personales estilos.
En la caña de Bermúdez, podemos saborear las
calidades que precisamente faltan a la actual. Se diferencia
de la imperante hoy, por su compás más vivo
y rápido. La que canta "Caracol. Fosforito o Rafael
Romero lleva ritmo mucho mas lento y ese ritmo, a veces, acentúa
todavía su lentitud en el ay. El ay de Bemúdez
es un ay, no un i, que es lo que ahora inexplicablemente priva.
El í de los actuales cantaores de cañas es una
estilización bastante monótona y academicista
del espontáneo y natural ay primitivo. El ay de Bermúdez
no está automáticamente sincopado, sino que
se desarrolla garbosísimo, airoso, desbordante de vida
y de gracia enlazando con tenues ligaturas sus seis modulaciones,
dos de las cuales (la cuarta y la quinta) son semejantes.
La copla es la siguiente: "En el querer no hay venganza.
/ Tú te has vengado de mí. / Castigo tarde o
temprano / del cielo te ha de venir". Canta Bermúdez
el primer verso o tercio de modo parecido a como se hace ahora,
en forma musicalmente ascendente y ligándolo todo,
pero la diferencia de compás es definitiva y por eso
resulta más flamenco y garboso.
La mayor diferencia con la caña actual radica en la
repetición del primer tercio: porque hoy se acostumbra
a repetir sólo la última palabra, precedida
de un ay, haciendo una variación de la melodía
inicial, mientras que Bermúdez repite el primer tercio
completo y desarrolla la misma melodía, mas terminante
en forma descendente. El segundo tercio es semejante al de
hoy, aunque se registra una marcada tendencia a las notas
graves y su repetición acusa, con más vigor
aún, el predominio de la forma musical descendente.
Así consigue enlazar a la última sílaba
del segundo tercio el ay séxtuplo, sin pausa ni calderón,
de modo que resulta su prolongación normal y no una
yuxtaposición" como ocurre en la caña imperante.
Cuanto hemos señalado para los dos primeros tercios
de la copla, esto es, para media letra, repítese en
el resto, rematado sin macho. Es probable que Bermúdez
acabase la caña con soleares apolás. En el primer
tercio de nuestro siglo era costumbre terminarla con una soleá.
En Cádiz se cantó frecuentemente en tales ocasiones
la famosa "Entre los cañaverales / los pájaros
son clarines al divino sol que sale"". Actualmente
son muy pocos los cantaores que incluyen la caña en
sus recitales y discos, y aunque además de la afición
de El Tenazas estudiada por Ricardo Molina, existen otras
antiguas del Niño de Cabra y El Bizco, la caña
que se suele cantar habitualmente es la popularizada por don;
Antonio Chacón, en la que sobresalen Rafael Romero.
Enrique Morente, Fosforito y Alfredo Arrebola, ateniéndonos
a las grabaciones discográficas.
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