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caracoles
m. pl. |De estribillo a j; modo de pregón con que se
remata el cante propiamente dicho, en el que se repite la
palabra caracoles.] Cante cuya copla consiste en una serie
de estrofas, con versos de diferentes medidas. Pertenece al
grupo denominado de las cantiñas y musicalmente esta
muy próximo a las llamadas alegrías y más
aún, al mirabrás, con cierta propensión
al barroquismo, a los arabescos y a los giros ornamentales.
Sus letras suelen ser graciosas y, a veces, picantes, y en
ellas se introduce, entre estrofas y a modo de estribillo,
la palabra caracoles. El toque se realiza únicamente
en do mayor, y la medida es la misma que la de las soleares,
las alegrías y las bulerías. Baile flamenco.
mas propio de la mujer, por lo que presenta, como las soleares,
o las peteneras, un gran número de movimientos ondulatorios
que van de acuerdo con los punteados leves y con la melodía
cadenciosa de la música. Es posible que tenga su precedente
en otro baile de la llamada escuela moderna de palillos y
que se conocía por el nombre de caracoles clásicos.
José Blas Vega ha resumido así sopesando teorías
y opiniones diversas, los orígenes y la evolución
de los caracoles: "La tradición y los tratadistas
señalan a Tío José El Granaíno
como creador de este cante. El origen de la primitiva y pregón
de los caracoles, que dará nombre al cante, hemos tenido
la suerte de encontrarla en una canción, impresa sobre
mediados del siglo pasado, de un álbum de canciones
andaluzas titulado El genio de Andalucía, compuesto
por Manuel Sanz. La canción se llama La caracolera
y reproducimos la primera parle respetando su ortografía
original: "De la güerta de Retiro / ¿Quién
me los merca? / ¡Salero!, / que se me errama er puchero
/ mocita vengaste acá./ No son tan chicos ¡canela!.
/ venga otro cuarto, ¡jermoso!, / que lo quiero oste
es faisioso / y yo soy mu liverá / y yo soy mu liverá
/ ¡Caracoles! / ¡Caracoles! / hermano que ise
osté / que son mis ojos dos soles / vamos viviendo
chorré / que ¡son mis ojos dos soles / vamos
viviendo chorré".
Conocemos también el origen de otra de las principales
letras de los caracoles, la que está basada precisamente
en otro pregón, el de La castañera. El 3 de
abril de 1843, se estrena en el Teatro del Príncipe
de Madrid, la zarzuela en un acto Jeroma La Castañera,
con letra del actor Mariano Fernández y música
de Soriano Fuertes. Los autores de Jeroma la llamaron tonadilla
por el carácter de la obrita y por ser un momento de
transición entre ambos géneros. Matilde Diez
hizo con mucha gracia el papel de castañera popularizando
la graciosa canción: "Aunque vendo castañas
asáas / aguntando la lluvia y el frío / con
mi moño y medias calas / soy la reina para mi querío
/ "Regórdonas" que se acaban / sin moneas
se darán / carumbosa no me ganan / los usías
de gabán".
Los caracoles de Tío José El Granaino pasaron
a los cafés cantantes como una cantiña para
bailar, almoldándolos a su estilo Paco El Sevillano,
porque les sacaba muy buen partido, haciéndolos más
dinámicos y vivos, y contribuyendo así a su
popularización. Pero quién verdaderamente los
reforma, los recrea, los engrandece, les da importancia, fama,
difusión, carácter flamenco y los constituye
definitivamente en estilo, es Antonio Chacón, y en
esto están de acuerdo todos los tratadistas. A partir
de él, los caracoles iran unidos a su personalidad
creadora. A Chacón le pareció que era un cante
chico y lo arregló poniéndole en la primera
parte entonaciones de romera y añadiéndole detalles
musicales y partes de otras cantiñas, pausando su ritmo
c imprimiéndole grandilocuencia, dejándolo así
como cante para escuchar.
Coincidiendo con su etapa madrileña comenzó
a dar a conocer estas cantiñas, y tal vez pensando
en un homenaje a priori, madrileñizó algunas
de las coplas originales, aclimatándolas hasta tal
punto que muchos consideran -equivocadamente- los caracoles
como un cante madrileño. La antigua letra: "Santa
Cruz de Múdela / cómo reluce, / cuando suben
y bajan / los andaluces...", que hacía alusión
al cambio de trenes con destino a Andalucía, fue oportunamente
transformada por Chacón en La gran calle de Alcalá
con un gran sentido, pues la calle Alcalá era, en el
Madrid de aquellos años, la arteria principal de la
vida castiza y artística, donde la gente de teatro
y del toreo ponían la nota pintoresca. Todo lo andaluz
era algo aclimatado y de raigambre en el madrileñismo
de la época".
Entre los investigadores que consideran, como José
Blas Vega, la importante aportación de Chacón
a este estilo de cantiña, están Augusto Butler
y Julián Pemartín: "Lo que hizo el genial
cantaor fue exhumar este cante del olvido en que se encontraba,
ponerlo en vigencia y, probablemente, efectuar en el mismo,
según su norma inveterada, algunas modificaciones que
darían, sin duda, mayor calidad artística a
los caracoles. Al menos, sí puede afirmarse que madrileñizó
algún verso de la copla original", afirma el primero,
y el segundo elogia: "Y por último llegó
Chacón, que los recreó magistralmente y les
dotó de una brillantez y sugestión extraordinarios
y auténticamente flamencos". La versión
de Chacón, grabada en disco en dos ocasiones, una con
la guitarra de Ramón Montoya y otra con la de Perico
el del Lunar, ha quedado como ejemplo de este cante, que en
opinión de Jorge Ordóñez Sierra, con
su muerte "se empequeñecieron". Antonio Mairena,
en 1969, contaba al respecto de los caracoles lo siguiente
al periodista Javier de Montini: "Yo estuve diez años
con el bailarín Antonio. En Londres me encomendó
un número de cante. Yo no sabía que dar. Canté
los caracoles. Y con los caracoles estuve todo el tiempo".
Actualmente algunos cantaores llevan este estilo en su repertorio,
como cante alante en los festivales y recitales, destacando
entre ellos Naranjito de Triana y Chano Lobato, cada uno con
sus lógicos matices y entonaciones personales. (Véase
Cantiña.)
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