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petenera
f. De La Petenera, apodo gentilicio de una cantaora nacida
en Paterna de Rivera (Cádiz). Petenera se transformó
en Petenera y posteriormente en petenera aplicado al cante.)
Cante con copla de cuatro versos octosílabos que al
cantarse se convierten generalmente en seis por repetición
de uno de ellos y el añadido de otro ajeno a la copla.
De entonación pausada, melódica, sentimental
y majestuosa. Se distinguen en él varias modalidades,
por lo que el término petenera debe considerarse como
genérico, aunque las distinciones entre unas y otras
sean, a veces, significativas.
2. Baile flamenco que se acompaña con la petenera
corta y propio de mujer. La bailaora utiliza pasos muy semejantes
a los de la siguiriya y cubre la cabeza con mantón.
Como acompañamiento pueden emplearse las castañuelas
aunque son preferibles los pitos, las palmas sordas y, sobre
todo, el lenguaje mudo de las manos. Existe otro baile folklórico
andaluz del mismo nombre y de anterior creación con
ritmo más vivo y acompañamiento de palillos
y piano. Sobre el origen de este estilo se han barajado muy
dispares teorías, desde la que lo supone un cantar
de juglaría hasta la que le aplica procedencia hispanoamericana
por la letra que dice: "En La Habana nací yo /
debajo de una palmera: / allí me echaron el agua /
cantando la petenera", y por la posible etimología
procedente de Peten, comarca de Guatemala; sin olvidar la
muy defendida en torno a considerar su naturaleza semita,
"puesto que muchos Judíos fueron trovadores y
juglares y entre éstos se cultivó el canto popular",
y las alusiones de algunas de sus letras, entre ellas la siguiente:
"¿Dónde vas, bella judía / tan descompuesta
y a deshora? / Voy en busca de Rebeco / que está en
la sinagoga". Todas estas discrepancias han dado lugar
a numerosos escritos sobre el tema, prevaleciendo la opinión
de que es una creación personal de La Petenera, cantaora
perteneciente a los años finales del siglo XVIII.
José Blas Vega, sopesando una serie de aspectos y
detalles, ha resumido el origen y el desarrollo de la petenera:
"Estamos ante uno de los cantes más emotivos,
melancólicos y sentimentales de la cadena estilística
del flamenco. Envuelto en la leyenda del misterioso duende
flamenco, su etimología, orígenes e historia
se prestan a grandes confusiones.
Había la creencia de que este cante era de origen
judío, basada en las alusiones de algunas de sus coplas,
pero los trabajos del destacado musicólogo García
Matos niegan toda posible influencia. Este cante debe su origen
a una cantaora de flamenco llamada La Petenera, que es igual
a palomera, es decir, oriunda de Paterna de Rivera (Cádiz).
Para ello contamos con diversas razones. Primera: Que no es
nombre ni apellido andaluz, ni siquiera gitano. Segundo: Como
dice Rodríguez Marín, "de paternera dicen
los andaluces patehnera (algo aspirada la hache), y de patehnera
a petenera va un trecho corto, que mis paisanos salvan muy
fácilmente". Tercera: Para Demófilo la
transformación de palomera en petenera es admisible
por razones eufónicas. Cuarta: El testimonio recogido
por Demófilo del cantaor Juanelo, que llegó
a conocer a dicha cantaora. Quinta: La tradición y
la leyenda nos ha proporcionado datos de la vida de esta cantaora,
que debió ser despiadada y cruel con los hombres según
las coplas que la aluden, cantadas en el estilo que ella misma
creó y muy populares: "Quien te puso Petenera
/ no te supo poner nombre, / que debía haberte puesto
/ la perdición de los hombres... La Petenera, mal haya
/ y quien la trajo a esta tierra, / que La Petenera es causa
de que los hombres se pierdan... Petenera de mi vía
/ Petenera der corazón, / por curpa e La Petenera /
estoy pasando doló". Llegando el eco de su popularidad
hasta después de muerta: "La Petenera se ha muerto
/y la llevan a enterrar...". Serafín Estébanez
Calderón en su Fiesta en Triana, nos habla de "ciertas
coplillas a quienes los aficionados llaman perteneras... son
como seguidillas que van por aire más vivo: pero la
voz penetrante de la cantaora dábanles una melancolía
inexplicable". Ésta, su forma folklórica
o regional, cuyo ritmo ya encontramos en composiciones del
siglo XVIII, adquirió mucha popularidad en la segunda
mitad del siglo XIX entre las mocitas andaluzas. En Sevilla
concretamente estuvieron muy de moda a partir de 1879, e hicieron
furor en 1881, que de ese año, que fue gran escasez
de víveres, se canto: "Del año de las peteneras
/ nos tenemos que acordar, / que anduvo la Pura y Limpia /
en el canasto del pan". Fue por estos años cuando
Medina El Viejo perfila y define la petenera flamenca, haciéndola
cante de gran precisión rítmica, y en este sentido
es a la soleá a quien debe mayor aportación,
ya que de la petenera actual es fácil pasarse a la
soleá, y más concretamente no olvidando que
existe una forma estilística llamada la soleá
petenera. Medina creó un estilo de gran dificultad
interpretativa, sobre todo en el cambio de voz del segundo
tercio". Fue don Antonio Chacón el que más
fielmente divulgó la petenera de Medina El Viejo, enriqueciéndola
melódicamente. Entre los divulgadores de la petenera,
destaca La Niña de los Peines, que sobre la versión
de Medina El Viejo, realizó la suya personal y que
hoy siguen muchos intérpretes. Ha sido Pepe de La Matrona,
quien ha dejado últimamente constancia discográfica
de la versión de Medina, y otros excelentes intérpretes
del estilo son Rafael Romero y Jacinto Almadén, como
así mismo Naranjito de Triana, José Menese,
Enrique Morente y Carmen Linares, entre los mas jóvenes.
Un cuanto al baile, tal como hoy se realiza, hay que citar
a Soledad Miralles y Rosa Durán, entre sus primeras
ejecutantes, teniendo en la actualidad bastante presencia
en los repertorios de las bailaoras, pese a la leyenda que
rodea al estilo, entre los mismos profesionales, de que trae
mala suerte su practica, mal fario en el lenguaje castizo,
tal vez por la aureola fatídica de su creadora o por
algún sucedido anecdótico.
Sobre el tema de la petenera. su creadora y como tal cante,
se han escrito algunas obras literarias, entre ellas el poema
Gráfico de la Petenera, de Federico García Lorca,
y La Petenera, obra teatral dramática de Serrano Anguita
y Manuel de Góngora, estrenada en Madrid, en 1928.
que es una especulación sobre la vida de la figura
inspiradora.
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