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sevillana
f. pl. [De sevillana, natural de Sevilla]. Cante con copla
similar a la clásica seguidilla castellana, es decir,
la formada por cuatro o siete versos, de los cuales son, en
ambos casos, heptasílabos y libres el primero y el
tercero, y pentasílabos y asonantes los otros dos;
cuando consta de siete, el quinto y el séptimo tienen
esta misma medida y forman también asonancia entre
si, y el sexto es, como el primero y el tercero, heptasílabo
y libre. Se acopla también a la cuarteta, es decir,
a la estrofa de cuatro versos octosílabos.
Actualmente y dada las introducciones realizadas por los
músicos profesionales en el estilo primigenio, abundan
en sus letras muy diferentes formas desde los puntos de vista
literario y musical. Es el arquetipo de la canción
folklórica aflamencada y tuvo siempre la finalidad
de acompañar el baile del mismo nombre. Se caracteriza
por su gracia, su viveza, su ágil dinamismo y su flexibilidad.
Su toque de guitarra se hace en cualquier tono.
2. Baile de pareja que se ejecuta en serie de cuatro actualmente,
cada una coreográficamente distinta, con un breve intervalo
entre una y otra. Sus movimientos más significativos
son los paseos, las pasadas y su remate, pues sobre el último
compás el cante, la música y el baile cesan
juntos y repentinamente, debiendo los intérpretes quedar
en una actitud garbosa y provocativa, dada su calidad de baile
de galanteo. Don Preciso, en su Colección de seguidillas,
tiranas y polos, editada en 1802, ya se refería a la
abundancia de coplas por seguidillas: "Entre la gente
menestral y artesana conozco a una porción de Jóvenes
de las más bellas disposiciones, no sólo para
cantar seguidillas, sino también para componerlas y
sean capaces de componer tanta variedad de seguidillas como
dan cada año, llenas de todo buen gusto y melodía
si cabe". Esta tradición continúa y cada
año se renueva el repertorio de letras. Según
José Blas Vega: "La sevillana es una de las formas
que más han evolucionado musical y literariamente.
Actualmente Junto al enriquecimiento popular de que hacen
gala los compositores, los letristas ajustándose a
los compases musicales emplean distintas fórmulas métricas
para conseguir un mayor y mejor contenido poético".
Ana María Durand-Viel, autora del tratado La sevillana,
registra las siguientes variantes del estilo: boleras, corraleras,
de las cruces de mayo, bíblicas, marineras, litúrgicas,
de feria, rocieras y de escuchar. Los temas de las coplas
son de exaltación de lo andaluz en todos los órdenes
principalmente, así como el amoroso, y últimamente
de alabanza a la Virgen del Rocío y a su famosa romería
de manera predominante. La autora anteriormente citada ha
escrito lo siguiente sobre el cante y el baile de la sevillana,
cada día más popularizado dentro y fuera de
Andalucía: "Hoy día, vemos una sevillana
en plena expansión y en plena evolución gracias
a su paso del patrimonio exclusivamente popular a la influencia
de los artistas profesionales o semiprofesionales, que han
propiciado un éxito comercial sin precedentes... Si
en las innovaciones métricas y musicales, los puristas
quieren ver signos de decadencia o de "bastardización",
no podrán negar el enriquecimiento de la expresión
poética y temática de la sevillana. Que los
músicos den nuevas dimensiones a la parte instrumental
de la sevillana no nos parece peligroso, ni tampoco el hecho
de que a veces abandonen el acompañamiento puramente
rítmico para adornar la introducción a la sevillana
con motivos inspirados en la magnífica escuela de la
guitarra flamenca. Que las castañuelas sean abandonadas
a beneficio del arte de los brazos y de las manos, típico
del flamenco, no nos parece amenazar la originalidad de la
sevillana".
Algunas grandes figuras del cante que han registrado versiones
de la sevillana en grabaciones discográficas, han sido
a lo largo del tiempo La Niña de los Peines, Bernardo
el de los Lobitos, Manuel Vallejo, La Paquera, María
Vargas y Manuel Gerena. A partir de los hermanos Toronjo y
los hermanos Reyes, desde los años sesenta hasta la
fecha, no han cesado de surgir conjuntos dedicados a la interpretación
a varias voces del estilo, entre ellos Los Marismeños,
Los Romeros de La Puebla, Amigos de Gines, Brisas de Huelva,
Los Rocieros, Los Bayuncos, Los del Mar, Los de La Trocha,
Los del Río, Los Alegría, Los Choqueros, Los
Doñana y un largo etcétera, que han competido
con El Pali, su mejor intérprete, alcanzando algunos
de ellos gran popularidad tanto en España como en el
extranjero gracias al empujón internacional que le
dieron los Cantores de Híspalis en los años
ochenta.
El escenario de la sevillana, aparte de su inclusión
en algunos espectáculos y tablaos flamencos, ha sido
tradicionalmente la caseta de la feria, pasando después
a las romerías; pero su difusión en nuestros
días es verdaderamente inusitada, bailándose
y cantándose por toda España y algunos lugares
del extranjero, en las modernas y abundantes salas rocieras,
existiendo también numerosas academias para su enseñanza.
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