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siguiriya
f. [Deformación fon. de seguidilla, d. de seguida,
cierto baile antiguo; vida rufianesca.] Cante con cuatro versos,
los dos primeros y el último, por lo general, hexasílabos
y el tercero endecasílabo dividido en hemistiquios
de cinco y seis sílabas. Las hay también de
tres versos, uno endecasílabo entre hexasílabos,
aunque al cantarse se repite el primero o se le antepone otro
postizo. Apareció a finales del siglo XVIII y se acentuó
su práctica a principios del XIX. No tiene relación
musical alguna con la seguidilla tradicional española.
Es un cante dramático, fuerte, sombrío y desolador,
que está considerado en su condición de básico
como uno de los estilos más exponentes de la esencia
jonda del cante flamenco. Las letras de sus coplas son tristes,
sentimentales y reflejan Ia tragedia humana, sus sufrimientos
y dolores en relación con los eternos temas del amor,
la vida y la muerte. Se toca a la guitarra por en medio y
es uno de los cantes más difíciles de interpretar
por su cantidad de matices y el conocimiento que es preciso
tener de él para encajar los tercios en la medida de
su música. En la práctica U. m. en pl.
2. Baile de los más jondos, como corresponde a su
cante. Es sobrio, recio, patético y ceremonial, que
no admite adornos fáciles. Se interpreta con un compás
lento y pausado. Combina pasos de punteado con desplantes,
que en este caso son fuertes redobles, incluyendo la escobilla
en la parte media del baile. El paso fundamental consiste
en un andar rítmico, con golpes secos, sonoros y cortados,
avanzando y retrocediendo al bailaor sobre el mismo sitio,
aunque la solemnidad ya se manifiesta en el arranque y en
la salida, que se suele realizar dando un largo paseo. Pueden
bailarla indistintamente hombres y mujeres, aunque se requiere
un gran temperamento.
El primer bailaor de este estilo o al menos quien lo difundió
fue Vicente Escudero y, posteriormente, Pilar López
introdujo el toque de castañuelas. De la siguiriya
dijo Manuel Machado que era el quinto extracto de un poema
dramático. Julián Pemartín describe así
este estilo: "Con música de compás muy
libre y toque muy difícil, pero bellísimo y
solemne, en el que parecen resonar campanas que doblan, la
siguiriya comienza con un quejÍo muy profundo y lastimero,
para entrar en los primeros tercios, algunos de ellos redoblados,
culminar en el tercero, largo de métrica y música,
y caer verticalmente en el cuarto, otra vez corto>>,
Ricardo Molina comentó las coplas de siguiriya con
las siguientes palabras: "En líneas generales
el mundo que revelan es de una elementalidad absoluta. Dramatismo
es su condición sine qua non, incluso en casos de infantil
ingenuidad.
Las coplas viejas y auténticas carecen de pretensiones
artísticas, literarias teatrales. Son queja directa
del alma nada más. Esto es muy importante. Así
como otros cantes admiten la posibilidad de expresar lo intrascendente,
lo anodino, lo cotidiano, a la siguiriya le están vedados
estos temas. Son incompatibles con su música, con su
pathos, con su naturaleza. La siguiriya es grito de hombre
herido por su destino. Sólo puede expresar sentimientos
profundos, tragedia radical, la tragedia de ser hombre".
Manuel Ríos Ruiz ha glosado sus dificultades de interpretación:
"Cantar por siguiriya es fundamental. En la siguiriya
se culminan o se descalabran todas las voces. La siguiriya
significa para quien bien la ejecuta, la mayor satisfacción
que puede alcanzar un cantaor de flamenco. Es la siguiriya
un cante de condensación, donde se dan cita todos los
melos y tonos flamencos. Es por ello difícil de matizar
y sobre todo de rematar con éxito". En cuanto
a sus orígenes y evolución, José Blas
Vega, tras una revisión profunda de distintas investigaciones
y aportando su punto de entendimiento personal del estilo,
ha publicado el análisis que transcribimos: "De
las tonás se derivaron algunos de los más significativos
estilos del flamenco, entre ellos la siguiriya dentro de ese
período de formación en que la guitarra se acopló
al cante.
Debieron influir muy poderosamente las tonás por cuanto
de carácter y musicalidad llevan intrínsecas
las siguíriyas, teniendo en cuenta los siguientes aspectos:
Primero: Parece ser que primitivamente se cantaban sin guitarra,
como todavía se cantan las tonás. Segundo: Casi
todos los buenos intérpretes de tonás fueron
a la par excelentes siguiriyeros. Tercero: Las siguiriyas
más antiguas que conocemos conservan un claro aire
de tonás. Esto puede comprobarse escuchando una siguiriya
de Frasco El Colorao, interpretada fielmente por Pepe de La
Matrona. Cuarto: Los motivos que expresan las letras son muy
afines al dramatismo y el ambiente vital. Quinto: La consecuente
facilidad con que la siguiriya y la toná o viceversa,
se alteran y se complementan al ser cantadas, un estilo antes
o después, dentro de la misma tonalidad. Sexto: Como
forma curiosa de métricas irregulares, hemos encontrado
letras de tonás muy semejantes a las siguiriyas.
Algunos ejemplos podrían ser las siguientes tonas,
una de ellas, la primera, recogida por Demófilo, quien
nos dice que se cantaba por el aire de la toná de los
pajaritos: "Cómo dígale a la mare mía
/ que no venga acá / porque mu poco sería la
calosita, mare, / que le podría endiñá".
Y esta debla que se cantó en Triana es métricamente,
salvo el primer verso, un tanto exacta a la siguiriya: "Por
las angustias tan grandes / que pasao yo, / cuandi vi salí
al padre de mi alma / en la conducción". Finalmente,
acerca de la métrica de la siguiriya hay que reconocer
que posiblemente fue tomada de la seguidilla popular castellana
y transformada por los cantaores, como bien apunta el profesor
García Matos, quien casualmente encontró un
claro antecedente en el número Las plañeras
de la ópera La máscara afortunada, de fecha
1820, donde aparece una seguirilla que por su versificación
se confunde con la endecha* El característico tercer
verso endecasílabo de la forma actual de la siguiriya
debió nacer cuando un inspirado cantaor agregó
al verso cualquier exclamación o locución de
cinco sílabas, ¡mare de mi alma!, ¡la pobrecita!,
u otras así parecidas, cosa que está patente
en algunas letras de siguiriyas del cancionero de Demófilo,
de las que si desglosamos el tercer verso en seis y cinco
sílabas, nos damos claramente cuenta del añadido
o postizo. Por ejemplo: "Argún día por
verte / dinero yo daba / (compañerita) ahora por no
verte / güervo yo la cara".
Por otro lado, como sugiere García Matos, ante la
semejanza de la seguidilla de 1820 con la endecha, y teniendo
en cuenta que esta se acostumbraba a cantar en los entierros
por las plañideras, cabe preguntarse lo siguiente:
¿Sería lógico presumir que las siguiriyas
primigenias entroncasen con los cantes de plañideras,
si tenemos presente que la muerte es el tema principal de
las coplas de siguiriyas? En nuestra laboriosa búsqueda
por cancioneros y textos anteriores al XVlll, no habíamos
encontrado nada que nos hiciera suponer que el cante flamenco
tuviera entidad como tal antes del citado siglo, sin embargo,
estimamos muy curiosa la única muestra que hemos hallado
de letra con forma totalmente dentro de la métrica
de la siguiriya flamenca. Dice así: "En este huerto
/ una flor hallé, / ¡oh bien de mi alma!, ¡oh
bien de mi vida! / ¿Sí la congeré?".
Es original de Francisco de Yepes, el hermano de San Juan
de la Cruz, que vivió entre 1530 y 1607".
Tres escuelas y núcleos de germinación se denotan
en las más viejas siguiriyas que se conocen: las que
corresponden a las comarcas cantaoras de Cádiz y los
Puertos, Jerez de la Frontera y el barrio sevillano de Triana.
Las trianeras, por su arcaísmo, han sido las menos
interpretadas y divulgadas, prevaleciendo las de origen gaditano
y jerezano, que prontamente se hicieron más populares.
Sobre la base de la primitiva siguiriya de su lar nativo,
surgió la del trianero Frasco El Colorao, que influyó
determinantemente en los estilos siguiriyeros posteriores
de los Cagancho y El Fillo, incluso en las de los jerezanos
Manuel Molina y Paco La Luz, en las del gaditano Curro Durse
y del sanluqueño Perico Frascola. Silverio, cantaor
enciclopédico y considerado el mejor de todos los tiempos,
engrandeció y creó muchos cantes por siguiriyas,
"imprimiéndoles -en opinión de José
Blas Vega- una serie de matizaciones y giros expresivos de
difícil interpretación, por lo que su escuela
ha desaparecido prácticamente, aunque su impronta haya
quedado en algunos cantes y se hayan conservado la serrana
y la cabal". Él fue el que recogió de su
maestro El Fillo la siguiriya denominada cabal, que se utiliza
para cerrar el recital siguiriyero y, como dice el autor anteriormente
citado, es "un alarde de saber cantar, por las dificultades
que tiene su interpretación, pues del tono en que se
esté cantando hay que pasarse al dominante (tono de
Re) y hacer todos los tercios del cante en este último
tono". En cuanto a la llamada siguiriya de cambio, entre
las que es muy interpretada la que popularizó Manuel
Molina -tomándola posiblemente de Curro Durse, y éste
del Viejo de la Isla, al decir de Pepe de La Matrona-, se
singulariza por las entonaciones cambiadas de algunos tercios,
que rompen el tono dominante, siendo una copla de las más
repetidas a lo largo del tiempo la siguiente: "Dicen
que duerme sola, / mienten como hay Dios. / Porque de noche
con el pensamiento / dormimos los dos". Después
de una época un tanto en desuso por los profesionales
en los escenarios, a partir de la etapa de re valorización
iniciada en los años cincuenta y con la proliferación
de los festivales y recitales en las peñas flamencas
y centros culturales, la siguiriya, en varias de sus versiones,
es uno de los cantes habituales en los repertorios de los
más destacados cantaores del momento, algunos de ellos
excelentes siguiriyeros.
Los cantes por siguiriyas que con más fidelidad se
conservan en la actualidad son los siguientes: siguiriyas
y cabales de Manuel Molina, siguiriya de El Marruro, siguiriya
de cambio de Paco La Luz, siguiriyas y cabales de EL Loco
Mateo, siguiriyas de Chacón, siguiriya de Frijones,
siguiriya de Juanichi El Manijero y siguiriya de Manuel Torre,
por las correspondientes a intérpretes jerezanos; siguiriya
de El Planeta, siguiriya de El Fillo, siguiriyas de El Nitri,
siguiriya de Enrique Ortega, siguiriya de cambio de María
Borrico, siguiriyas de Curro Durse, siguiriyas de Enrique
El Mellizo, siguiriyas de Cádiz (a través de
Aurelio de Cádiz), en las concernientes a Cádiz
y los Puertos, siguiriyas primitivas de Triana, siguiriyas
de Frasco El Colorao, siguiriya de Cagancho, siguiriyas y
cabales de Silverio, siguiriyas de Tomás Pavón
y siguiriyas de La Niña de los Peines, por el enclave
cantaor trianero. En los últimos tiempos, Enrique Morente
ha creado una versión personal del estilo.
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