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taranta
f. [Posiblemente de tarantela, música, o de taranto,
adj. gentilicio popular con que, a veces, se designan a los
naturales de Almena, aventurando algunos que tal gentilicio
proviene de Taremium, de la ciudad de Tárenlo.] Cante
con copla de cuatro o cinco versos octosílabos, que
al cantarla se repite uno de ellos, primero o segundo. Pertenece
al grupo de los cantes de Levante y dentro de él a
las modalidades que comprenden los llamados cantes de las
minas.
Su origen lo atribuyen los estudiosos al engrandecimiento
de algún fandango almériense, que al trasladarse
a zonas mineras adquirió fisonomía propia. Las
letras son descriptivas y se inspiran en aspectos diversos
de la existencia humana, al igual que la generalidad de los
cantes flamencos básicos, y su interpretación
es un tanto libre en la medida de sus tercios, pudiendo recrearse
el cantaor en algunos de ellos según sus cualidades
e iniciativa personal. Es cante largo, duro, sobrio y viril,
que se acompaña a la guitarra por arriba, y, en general,
no se baila, por lo que es esencialmente un cante para escuchar.
La taranta, que desde su aparición en tierras de Almería
siguió un periplo de aclimatación por Linares
y otras localidades mineras de Jaén y la provincia
de Murcia, principalmente La Unión, constituye la base
de todo el cante de las minas, por lo que no es posible fijar
su evolución sin acudir a las generalidades de los
estilos mineros. Así lo ha entendido José Blas
Vega, en su estudio sobre el tema, apoyándose en cuanta
referencia literaria y de tradición oral ha considerado
válida para ello, y en la reconocida aportación
local e individual que los han conformado. De su estudio transcribimos
los siguientes párrafos: "Al igual que el cante
flamenco andaluz, el cante flamenco levantino y minero responde
a las mismas condiciones y problemas, bien sean de índole
geográfica, histórica, social o de ambientación,
poniendo igualmente siempre de relieve el valor esencial del
hombre como medio expresivo del cante... Y es que la copla
viril del minero encierra una honda evocación en su
dramático desgarro, quejido lastimero, que surge de
las entrañas de aquél que "amargamente
/ gana el dinero", y en su mundo de trabajo, quejas de
la vida azarosa y trágica, penas y opresiones, hay
bases más que suficientes, en cuanto a motivo espiritual,
para la creación del cante minero... La formación
musical del cante minero se define por dos líneas estético-sensitivas:
la vital y la musical... Como dice Asensio Sáez: "Una
necesidad irrefrenable, casi fisiológica, nacida del
reencuentro del hombre que escapa cada jornada del riesgo
de la mina... Su sentido musical se forma partiendo de la
base del fandango regional, y señalamos tres fases
principales: Primera: Dentro de las migraciones mineras, añoranzas
de los cantes andaluces...
Fue Andalucía quien suministró estas migraciones,
principalmente Granada, Jaén y Almería. Segunda:
acoplamiento de las propias tonalidades. Aquí ejerce
una influencia decisiva la antigua murciana y varios estilos
de malagueñas-en su forma puramente folklórica-,
aunque más bien de ornamentación que de fondo,
pues ya en la Sierra de Cartagena y en los pueblos que se
cobijan en su seno, vibraba de antiguo un cante característico,
el cante de la madruga, padre de la taranta y de todo el cante
minero. También se produjo una simbiosis inevitable
de la taranta y el cante de la madruga, naciendo la taranta
de estilo cartagenero, y de este cante matriz, la cartagenera.
De tan espontánea y casi biológica creación
partió El Rojo El Alpargatero. Tercera: Aportación
personal de los grandes maestros locales. Este apartado corresponde
entero y casi por derecho a la gran figura creadora, alma
y símbolo del cante minero: El Rojo El Alpargatero...
Al Rojo le gustaba de madrugada ponerse en la ventana a presenciar
la marcha hacia las minas de los mineros, que con su trapico
y su carburador iban entonando la madruga. Todas estas horas
de escucha y el impulso creador que llevaba dentro de sí,
fueron los materiales que le sirvieron para engrandecer los
cantes mineros, introduciendo, junto a su personalidad, nuevos
tonos, creando un proceso de superación dentro de la
más estricta pureza...
Estos cantes empezaron a difundirse fuera de su ámbito
regional, lo que motivó el que se aportasen nuevos
detalles de enriquecimiento musical en las concomitancias
musicales mantenidas con otras zonas cantaoras. Estas concomitancias
fueron principalmente con Almería, Málaga y
Jaén... Con Almería, a través de El Cabogatero,
El Ciego de la Playa y de Pedro El Morato, sobre todo este
último por su valiosa aportación de tonalidades
de la taranta y el taranto almériense... Con Málaga,
a través de La Trini y El Canario. Un ejemplo claro
lo encontramos en la malagueña de El Canario Viva Madrid
que es la Corte cante éste primitivo del Ciego de la
Playa, y que por la introducción de tonos cartageneros
hizo creer a muchos que se trataba de una cartagenera... Con
Jaén, hay que destacar que junto al desarrollo artístico
del cante minero de Levante, en las tierras mineras de Jaén,
Linares, La Carolina, Andújar, se iba perfilando la
personalidad de su taranta, que contó con nombres tan
sugestivos como Basilio, El Tonto Linares, los Heredias, El
Bacalao, Luis Soriano El Cabrerillo, José la Luz...".
José Blas Vega, considera a don Antonio Chacón,
en este mismo estudio, el máximo revalorizador de la
taranta y de los demás estilos levantinos (Véase
Cartagenera), valorando también la labor en este aspecto
de Manolo Escacena, quien influido por Basilio "se aficionó
a los cantes taranteros de Linares", teniendo también
la ocasión de aprender los cantes de El Rojo El Alpargatero
por mediación de su hijo, lo cual decidió "que
su destino artístico estaría siempre orientado
hacia los cantes de Levante". Añadiendo José
Blas Vega: "La dulzura melódica de su voz le acabó
de ayudar. ¿Hay alguien que haya sacado mayor partido
a una taranta que Escacena? Una de las primeras letras que
popularizó es la conocida de: "En la calle de
Canales / se me perdió mi sombrero. / ¡Quién
se lo vino a encontrar! / El Rojo El Alpargatero. / Y no me
lo quiere dar". A la que contestaría El Rojo poco
antes de morir: "Anda diciendo Escacena / que yo tengo
su sombrero / y a presidio me condenan, / pero sabe el pueblo
entero / que él no estuvo en Cartagena"".
Otros grandes difusores de la taranta fueron Manuel Vallejo,
El Cojo de Málaga, La Niña de los Peines, Nifio
de Cabra, José Cepero, Pepe Marchena, Guerrita, El
Pena, Bernardo el de los Lobitos, Jacinto Almadén,
Canalejas de Puerto Real, entre otos intérpretes que
en los años veinte, treinta y cuarenta divulgaron este
estilo en sus actuaciones en público y en su discografía.
Actualmente la taranta mantiene su vigencia, aunque son pocos
los cantaores profesionales que la incluyen asiduamente en
sus repertorios cuando actúan en los festivales, aunque
sí con frecuencia en sus grabaciones discográficas.
(Véase Cartagenera, Minera y Taranto.)
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